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Keine Lust (Ashba) (+18)

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Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Amanda Smith el Vie Jul 09, 2010 5:23 pm

Pocas veces me daba por pasear por mi propio hogar sin rumbo fijo, o al menos eso había sido así desde hacía ya muchos años. Una buena señal era, sin duda, el hecho de que me encontrara precisamente en mi hogar, más que nada porque en Townhidden no había estado mucho durante los cuatro últimos años, sino que más bien me había movido más en los ambientes decadentes de Houston o en cualquier otro lugar igual de bajo que aquel. Y es que mi vida de los últimos años no había sido ni pacífica ni segura, como el pueblo en el que residía parecía ofrecer a sus habitantes. Sabía de sobra que bajo aquella capa de confort ideada por el nivel del pueblo, bastante alto a pesar de todo lo que había tenido que sufrir (como la destrucción por parte de Synyster y otros demonios hacía ya más de cuatro años), se escondían unos bajos fondos iguales que los de muchas partes (porque al fin y al cabo nunca es oro todo lo que reluce, y mi pequeño pueblecito no puede ser una excepción respecto a eso, ¿verdad? No, no lo es), pero aún así seguía considerándome una chica de costumbres, al menos en ciertas cosas (como las que sabía que me iban bien, aunque normalmente no decía que no a probar cosas nuevas), y habiendo probado unos que tan bien me iban (pues Houston otra cosa no, pero demonios y gente insignificante a quienes podía eliminar con tranquilidad absoluta de que no se les iba a echar de menos tenía a patadas) veía inútil cambiar de aires, aunque tampoco rechazaba la opción tan de plano. En el fondo sabía que podía ponerme todas las excusas que quisiera para justificar mi propio comportamiento, incluso ante mí misma en la seguridad de mi mente (cada vez menos segura, en realidad, porque notaba cómo últimamente la cabeza amenazaba con empezar a fallarme, sobre todo después de que en numerosas ocasiones resquicios de la Amanda buena querían salir), pero que la auténtica razón de que fuera Houston mi primordial lugar de actuación era Nikki. Él había sido el primero que me lo había dicho, que si quería encontrar lo peorcito de la sociedad fuera allí, y ahora que no estaba y sabía que no iba a volver (por mucho que mi interior se rebelara contra aquella idea cada vez que siquiera me la planteaba, incluso aunque yo hubiera visto con mis propios ojos que las posibilidades de que volvieran se habían reducido más y más con los años, a medida que Sikki se afianzaba en el cuerpo de Nikki), me parecía atentar contra su memoria no hacerle caso en eso. Patético, sí, pero también estaba la razón de que Sikki vivía en Houston, o al menos la mayoría de las veces que nos habíamos encontrado habían sido allí, así que eso también era una buena razón para negarme a cambiar de aires. Podía engañarme lo que quisiera, pero a aquella ciudad estaba agarrada y bien atada. Por eso se me hacía raro haberme despertado aquella fría mañana con ganas de un paseíto por Townhidden en lugar de coger el bus, o la moto, o simplemente el coche de algún amable conductor (al que luego le chuparía la sangre, por supuesto) y llegarme hasta Houston, muy cerca de mi pequeño pueblo. Bueno, cosas que pasan.
Como mi visita de aquel día se alejaba de lo que era habitual en mis salidas (sexo o sangre, principalmente, y si podían ser ambas mezcladas mucho mejor), tenía que controlar más lo que me ponía para no ir como una puta por la vida, como últimamente solía. Unos pantalones vaqueros largos, un jersey amplio y negro y unas converse en bota cómodas hicieron la función de hacerme pasar por una chica normal, sin problemas ni diferencias con el resto de chicas de su edad. Por primera vez en cuatro años volvía a sentirme más o menos humana, rodeada de mis semejantes, mientras en mi interior la sed de sangre estaba placada casi totalmente (nunca totalmente porque eso era imposible: siempre sentiría su llamada en mi interior, con mayor o menor intensidad dependiendo del momento) y me permitía no desmelenarme. Eso sólo duró, claro, el tiempo en el que anduve con gente. A medida que avanzaba más y más por las frías calles de Townhidden las personas iban metiéndose para sus casas, en busca de calor y probablemente la compañía de sus seres queridos. Pensar en eso, en que yo nunca tendría la compañía de personas a las que quería porque, o bien me había distanciado de ellas (como en el caso de mis amigos, si es que podía seguir llamándoles así tras los años sin casi contacto), o bien no iban a volver (como Nikki, a quien echaba de menos más cada día sin que su sustituto, Sikki, fuera capaz de solucionarlo), hacía que aquel sentimiento de cálida humanidad que había albergado hasta ese momento de esfumara rápidamente para dejar paso a uno de ira. ¿Y por qué? ¿Qué había hecho yo para ser diferente del resto, para no merecer lo mismo que ellos tenían? Nada, absolutamente nada. Al final, mis pasos cada vez más furiosos y llenos de rencor hacia todo el mundo en general y nadie en particular (porque no encontraba nadie responsable de mi propia situación aparte de mí misma) terminaron por llevarme a la casa abandonada del pueblo, aquella que, como parte del folklore popular, se decía que estaba embrujada. Pamplinas, por lo que podía ver nada más echarle un vistazo rápido, o al menos no en aquel momento. La única presencia (sobrenatural o no) en aquel momento era yo, y esa misma presencia se puso a comportarse como un maldito poltergeist, golpeando todo lo que se ponía a mi alcance hasta que, al final, con toda la rabia echada fuera de mi interior, me quedé más tranquila. No me había hecho heridas, así que me limité a sentarme en un escalón de los que conducían al segundo piso, oscuro y lleno de sombras, mientras me sacaba un cigarro y me ponía a fumar. Mi mono de nicotina seguía ahí después de tanto tiempo sin él, y no sabía si era bueno o era malo. Me daba absolutamente igual, de hecho. Lo único que me importaba era que necesitaba un maldito cambio o iba a acabar volviéndome loca. Eso si no lo estaba ya.


Última edición por Amanda Smith el Mar Jul 13, 2010 10:09 pm, editado 1 vez

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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Gabriel Ashba el Vie Jul 09, 2010 6:15 pm

Después de... ¿Años? sin saber absolutamente nada, sin tener ninguna pista sobre el paradero de mi hermano, finalmente sabía donde estaba. Joder, solo de pensar que por fin iba a conocerlo, a encontrarme con él... La verdad es que quien escuchara esos pensamientos pensaría que era un simple niño pequeño, huérfano, sin nadie más en el mundo que su hermano mayor y que le necesitaba para ser feliz y volver a sonreír... Sí, mi historia quizá podría llegar a ser incluso un best-seller... Pero eso era solo en apariencia. Después de todo, yo mismo había matado a mi madre, me había enterado de quien había sido el cabronazo que la había preñado y al enterarse quien, o mejor dicho, que era yo la había abandonado y... Bueno, el caso es que no estaba buscando, precisamente, un hogar... Buscaba, más bien, diversión. El caso es que desde que era un crío, mi verdadera naturaleza afloró, quizá demasiado rápido, asustando a todos los que había a mi alrededor, nunca tuve amigos, ni mascota... Siempre acababan todos muertos. Cuando crecí, mi parte humana fue desapareciendo, hasta que... Bueno, encontré a una persona pero... Ella me abandonó y también murió. Mi vida estaba rodeada de muertes, de rabia, de resentimiento... Solo quería que Lucifer me diera su aprobación, que estuviera orgulloso de mi... Él y mi hermano eran la única familia de verdad que me quedaba y, por eso, estaba ayudando con su ascensión. Cuando él volviera a la tierra, nuestro ejercito arrasaría con todo, sería el maldito apocalípsis y yo sabía que, llegado el momento, cuando no quedaran más almas que torturar, más mujeres que violar ni más niños a los que engañar para que mataran a sus padres... Terminaríamos matándonos los unos a los otros... O comenzaría la lucha definitiva contra los ángeles y contra Dios. Todo aquello sonaba demasiado bien pero sabía que aún faltaba mucho para todo aquello, tenía que ir paso a paso y conseguir a todos los demonios que pudiera, pero... Lo primero era lo primero y eso era encontrar a mi hermano. En aquel momento, nada era más importante que eso. Suspiré. El último sitio donde le habían visto era un pueblecito cerca de Houston, en Norteamérica, llamado Townhidden. Sabía que tarde o temprano tendría que mudarme allí pero, de momento, no llevaba demasiadas pertenencias, de hecho, solo llevaba mi guitarra colgada a la espalda. Aquel día iba bastante normal y pasaba más o menos desapercibido ante la gente del pueblo que como mucho se quedaban mirándome por todos los tatuajes que llevaba en los brazos, por los piercings visibles en mi cara, o por la funda de guitarra que llevaba a la espalda, desde hacía tiempo, la llevaba conmigo a todas partes, me relajaba y, era lo único me volvía a despertar mi lado más humano de vez en cuando. Aunque mis botas, mis vaqueros rotos por todas partes, mi camiseta de manga corta y mi pañuelo en la cabeza no fueran muy del estilo del pueblo, nadie miraba mal y nadie comentaba nada despectivo, todo lo contrario... Y aquello me gustaba, sino, quizá no habría logrado contenerme y habrían acabado atropellados, electrocutados, muertos por la caída de algún rayo... lo que fuera, más bien, lo primero que se me pasara por la cabeza. Aunque no podía evitar pensar que quizá la gente pensaba esas cosas y me miraba de esa manera porque yo mismo quería que lo hiciera y, sin pensar, utilizaba mis poderes con ellos sin intención alguna de hacerlo. Suspiré, lo mejor sería dejar de pensar en toda aquella mierda de mi parte humana y todo eso, porque, realmente lo detestaba y me repugnaba. Joder, lo humanos habían sido el peor invento de la historia... Pero al menos, ahí estaban, para divertirnos y hacernos felices a los que realmente sabíamos disfrutar la vida al máximo... Además, ¿Cómo eran capaces de vivir en la completa ignorancia? Una gran guerra estaba a punto de estallar y ellos estaban en medio y aún así.... ¿Ni siquiera les importaba? Joder, eran peor que las malditas hormigas. Si, creo que mi odio hacia la raza humana acababa de quedar bastante claro… En aquel pueblo tan tranquilo y pacifico no había rastro de mi hermano y me estaba empezando a hartar de todo. Continué paseando un buen rato y, finalmente, llegué frente a una enorme casa que parecía abandonada. Desde fuera me quedé mirándola, inspiré el aroma de aquel sitio y fruncí el ceño. Allí habían pasado cosas, no sabía exactamente que tipo de cosas, pero alguna vez, en toda su historia, habían vivido seres con intenciones no demasiado buenas allí. Quizá tenía suerte, quizá mi propio hermano vivía allí o había estado allí, alomejor encontraba alguna pista en su interior, algo capaz de ayudarme... Con todos aquellos pensamientos entré en la propiedad. En realidad, rodeé la casa por fuera y trepé por la parte trasera hasta subir al segundo piso y colarme por una ventana, una vez allí descubrí que todo estaba en ruinas, y suspiré, vale quizá me había emocionado o ilusionado demasiado pronto, no parecía haber nadie en la casa y no me molesté en comprobarlo, me senté en el suelo y me encendí un cigarro, abrí la funda de mi guitarra y la afiné rápidamente, entonces, empecé a tocar una de mis canciones. Aprovechaba cualquier momento como aquel, de soledad, para sentarme a tocar, componer o simplemente cantar, para evadirme de mis propios pensamientos, relajarme y hacer que el mundo se detuviera para mí, solo para mi. Llegado a un punto empecé a cantar, improvisando, uniendo mi voz a los acordes de la guitarra, fumando de vez en cuando y dejando de nuevo el cigarro entre las cuerdas de la guitarra y, entonces, un ruido en la parte de debajo de la casa llamó mi atención. Me levanté de golpe y guardé la guitarra en su funda, la dejé a un lado, escondida y apagué el cigarro. Vale, quizá tenía suerte y me encontraba con algún mendigo al que torturar un poco y hacerle sufrir de lo lindo, Oh, la verdad es que eso me divertía bastante. Salí de la habitación que, por supuesto, no tenía puertas, y caminé con sigilo por la casa, las tablas de madera crujían bajo mis pies, me esforcé en pensar en que no lo hicieran y dejaron de hacerlo, vale, en momento así, mis poderes eran bastante efectivos. Llegué hasta las escaleras y desde arriba observé una figura que subía directamente, parecía que me había visto y que venía a por mi… Eh, eh, eh… Un momento. Me escondí rápidamente y, voilà! ¿A quien había visto? No había nadie allí, me oculté entre las sombras con la intención de ver al intruso pero… ¿Quién era el intruso allí? Bueno, daba igual, el caso es que esperé hasta tener frente a frente a mi “perseguidor” (por llamarlo de alguna manera) para estudiarle y una vez reconocido “el terreno” me dejaría ver si me apetecía, sino, recogería mi guitarra y me largaría o lo mataría sin más… Todo dependía de lo que fuera y de si… me caía en gracia o no.
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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Amanda Smith el Vie Jul 09, 2010 10:26 pm

Estaba desganada de todo y de todos. Sí, tal vez desganada no fuera la palabra que mejor definía a la apatía que en ese momento sentía hacia cualquier cosa que osara romper mi pequeña burbuja de tranquilidad y soledad, que lograba darme otra perspectiva del mundo, pero al menos se le acercaba. Dicha burbuja era mucho más ególatra que las que solía ponerme como protección, por supuesto, pero hoy en día ¿quién no mira por su propio bien ignorando el de los demás? Preguntas tan existenciales y a la par absurdas como esa no dejaban de venir e irse de mi mente, con un ritmo tan bailarín y danzante como el del humo que no dejaba de entrar y salir de mí por efecto del cigarro encendido que tenía en la mano. Con cada calada, cada pequeña inspiración de nicotina con su consecuente espiración, una idea de esas de tamaño universal y que en teoría afectan a todas las personas aparecía para luego desvanecerse con la misma rapidez. No podía concentrarme en nada aunque quisiera, y lo intentaba, con intensidad tal que casi dolía, por tratar de evitar la verdad que, poco a poco, se formaba en mi interior. Y era esa clase de verdades la que me hacían replantearme muchas cosas que hasta entonces había dado por supuestas y buenas, por lo suficientemente válidas como para regirme por ellas durante una vida entera. Sí, señoras y señores, Amanda ha llegado a la pregunta del bien y del mal. Y dadas las respuestas hipotéticas que mi cabecita me estaba haciendo llegar, impráctica como ella sola, me temía que estaba sufriendo una pequeña recesión en todo aquello de apartar malos sentimientos de mi lado que, durante cuatro largos años, había perfeccionado hasta el nivel de experta. Lógicamente había habido días en los que me había sentido más...¿cómo decirlo? Emocionalmente inestable, si era así como se podía llamar a la angustia que me recorría en ellos al recordar todo lo que había hecho. Sin embargo, no podrían compararse nunca con la que me estaba recorriendo en aquel momento. Muchas emociones mezcladas, navegantes entre la rabia, el dolor, el arrepentimiento y otras que no sabría descifrar ni aunque pusiera mi total atención en ellas. ¿Y todo por qué? Porque hoy era el maldito día en el que me tocaba replantearme si matar para alimentarme de la sangre de mis víctimas estaba bien; si realmente yo era muy diferente a ellas y algo en mi interior (ya fuera mi naturaleza tras el cambio o simplemente cualquier otra característica propia de mi persona que no la tuvieran las demás, no lo sé) justificaba que yo me portara bien con ellas y, finalmente, la guinda de la cuestión: ¿estaba bien lo que llevaba cuatro años haciendo sin el menor arrepentimiento? Esa gran pregunta me taladraba por dentro, porque por primera vez en bastante tiempo no encontraba los argumentos para dar una contundente afirmación, sino que simplemente me encontraba en la incertidumbre, en el peligroso sendero de planteármelo que podía volver a generar una recaída. Y eso era exactamente lo que quería evitar por todos los malditos medios, el sufrimiento. Por él soy como soy, y por él precisamente puedo dejar de serlo, lo que me llevaría de nuevo a la falta de cordura. Eso, sí alguna vez he estado cuerda.
Ese pensamiento es de los pocos que consigue acaparar mi volátil atención, y más cuando, estando sentada en las escaleras, me pareció oír un ruido, como si alguien hubiera entrado en la casa de improviso, sin usar la puerta como yo había hecho (o más bien forzarla, pero eso es una palabra muy fea). Genial, ¿y ahora le daba a la paranoia? Sí, ¿y qué más me faltaba? Ponerme a escuchar voces. Sólo tenía que esperar, pues esa parte aún estaba por llegar, como en apenas unos segundos me tocó descubrir. Comenzó siendo un rasgueo de una guitarra, con una melodía cálida e incluso hermosa que me hizo desconectar de mi mundo interior atormentado durante unos segundos para concentrarme en aquella canción, a la que pronto una voz comenzó a dar más forma que la que hasta entonces tenía. La canción (si no me estaba imaginando que sonaba, que todo podía ser posible y, dado el estado de mi mente, hasta factible veía aquella opción) reflejaba una intensidad de sentimientos y emociones que me dejaron muda. Por un momento, mi egocentrismo habitual se vio sustituido sin duda alguna por la melodía que escuchaba o creía escuchar, y logró hacerme sentir bien por un instante, hasta que de golpe terminó. Entonces, mi pequeña nube negra de sentimientos encontrados y de pesadumbre provocada por la confusión de antes volvió a hacer acto de presencia, tan molesta y odiosa como antes. Pero había vislumbrado la solución para tratar de hacerla desaparecer, con aquella melodía que ni siquiera sabía si era real o no, y estaba dispuesta a quitarme aquella tontería de la cabeza. La tontería y, de paso, mis alucinaciones. Enfrentarme a ello cara a cara sería el mejor medio para hacerlo, y por ello me terminé lo que me quedaba del cigarro (que era ya más bien poco, porque había tenido mucho tiempo para consumirlo mientras cavilaba acerca de cosas que no me iban a llevar a ninguna parte que no fuera la celda acolchada del manicomio) y lo tiré por ahí. Frente a tanta basura que los niñatos del pueblo habían dejado en sus botellones y paridas de esas, una colilla más ni se notaría. Me levanté y miré hacia lo alto de las escaleras. Me estaba pareciendo sentir algo, una presencia, pero era difícil de determinar. No era un fantasma, o al menos no lo parecía. Un leve crujido me hizo ponerme en alerta, y más aún cuando frenó en seco. Vale, algo que se mueve así no puede ser un vándalo humano cualquiera. Si no mis sentidos no estarían tan alerta frente a una posible amenaza, más claro agua. Ya estaba mosca del todo por aquel tema de mi supuesta alucinación, así que retomé mi inicial deseo de enfrentarme a lo que fuera que provocara aquello en mí y subí las escaleras, en dirección al lóbrego segundo piso. Me pareció ver, por un instante, unos misteriosos ojos azules que me miraban directamente, pero desaparecieron al instante. Dejándome con cierto cabreo encima. No tenía suficiente con creerme loca como para que encima me pasara aquello, que si era producto de mi enfermiza mente no hacía sino aumentar la certeza de que necesitaba que me encerraran. Si, por el contrario, había visto a alguien y se había ocultado de mí, significaba que no estaba loca y que, por tanto, me comía la cabeza inútilmente. Bueno, ya vale de paranoias absurdas.
Acabé de subir las escaleras, sin esforzarme en no hacer ruido. Si existía ya me había visto, y si no lo hacía unos pequeños ruidos por mi parte no nos harían daño a ninguno, así que disimular era una pérdida de tiempo grande cual catedral. Y para perder tiempo no estaba, precisamente. Mi instinto oscilaba, advirtiéndome de que había algo o alguien y, por otro lado, de que no había peligro para mí...todavía. Me adentré directa en las sombras del segundo piso, donde mi vista no hacía demasiado efecto, por las ventanas tapiadas y esa clase de cosas. Los otros sentidos eran los que me guiaban ahora, poniendo especial atención al oído. Era del que más me fiaba, dadas las circunstancias. Seguía avanzando a tientas, en la oscuridad, hasta que terminé por detenerme frente a donde aparentemente no había nada. Pero había notado algo, y ya era hora de averiguar si me estaba volviendo majareta o si había alguien conmigo. – Sé que estás ahí. Y no era mentira, porque algo había ahí seguro, fuera real o fuera producto de mi imaginación.

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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Gabriel Ashba el Sáb Jul 10, 2010 5:31 pm

Permanecía en la oscuridad, escondido a la vista de todos... Bueno, no exactamente, estaba escondido ante la vista de aquella persona que había logrado verme y ahora subía las escaleras precipitadamente hasta llegar al segundo piso. Me quedé allí, estudiándola... Era una mujer, una chica joven, ojos claros, pelo castaño y labios carnosos. Buscó por el enorme pasillo, miró hacia todas partes, esperando verme, cosa que no consiguió. Sonreí ampliamente, no me parecía una humana normal, inspire y su aroma llegó a mi demasiado rápido lo reconocí enseguida, en su organismo había sangre de demonio, como ocurría con los Niños de Azazel pero ella... No, no era una de ellos. Era distinta, quizá... ¿Otro demonio estaba montando un ejercito? No había escuchado nada y lo dudaba seriamente, de nuevo, me centré en aquella chica, su expresión parecía confundida, algo atormentada y decidida. Se paró frente a mi, miró de nuevo a las sombras y habló, lo único que dijo fue que sabía que estaba allí. Volví a sonreír, ¿Acaso quería un premio o algo por descubrirme? ¿Estábamos jugando al escondite o algo? Decidí que me apetecía divertirme un rato con ella, sí, ¿Por qué no? Podría atormentarla un rato, hacerle pensar que se estaba volviendo loca, hasta que me cansara y me aburriera de ella... Solo de pensar que me había escuchado tocar, que había escuchad mi voz, la verdad es que me ponía furioso y tenía que apretar mis puños con fuerza por culpa de la rabia. Nadie, en la vida, lo había hecho y ella se merecía un escarmiento por aquello, si creía que iba a salir sin un rasguño de allí... Estaba completamente equivocada. Caminé hacia ella, con paso lento pero decidido y, como estaba en medio del pasillo, choqué con ella, justo en ese momento me hice visible por apenas unos segundos, hasta que nuestros cuerpos dejaron de estar en contacto. Ella se giró corriendo para ver si volvía a verme pero yo ya había desaparecido. Sonreí, debería estar pensando que estaba loca... Pero si creía que eso era todo... Era mejor que esperara, porque ni siquiera había empezado con ella. Caminé hasta el final del pasillo y entré por la última puerta que había a la izquierda, apoyé mi espalda en la pared y cerré los ojos... Sonreí y mi poder dejó de hacer efecto con simplemente pensarlo y entonces... Pronuncié una única y solitaria palabra en medio de todo aquel silencio "PAYASOS". Escuché en el pasillo risas propias de una pesadilla, aterradoras carcajadas que salían de las paredes y entonces... El pasillo empezó a plagarse de payasos, salían del techo, de debajo de las tablas rotas, de las puertas abiertas, de debajo de las escaleras... De todas partes. No eran payasos normales, eran MIS payasos, los que yo había imaginado y creado tantas veces a partir de la nada, eran una versión gore de It de Stephen King, cientos de payasos altísimos y corpulentos con colmillos en lugar de dientes, lo ojos completamente negros como si se tratara de demonios, estaban manchados de sangre y todos llevaban armas: machetes, cuchillos, dagas... Y , obviamente, habían algunos montados en triciclo y otras cosas que los payasos normales utilizan en un circo normal. Pero todo aquello no tenía anda de normal. Con un pensamiento, una orden, se acercaron a ella todos y empezaron a rodearla, a dar vueltas a su alrededor sin dejar de reírse ni un segundo, empezaron a empuñar sus armas y, mientras daban vueltas a su alrededor, lanzaban mandobles al aire, algunos de ellos conseguían herirla, heridas no demasiado profundas pero que sangraban bastante y eran aparatosas. Salí de la oscuridad de la habitación con una sonrisa en los labios y me quedé parado al final del pasillo con las manos en los bolsillos de los pantalones mientras observaba la brillante escena que había creado de la nada. “SANGRE” prenuncié la palabra casi en un susurro y los payasos desaparecieron haciendo que de las paredes empezara a caer sangre que pronto llenó el suelo, casi inundándolo de aquel líquido rojizo. Inspiré, joder era sangre de verdad, me daban ganas de ponerme a beberla pero, chasqueé los dedos y los payasos volvieron a aparecer, aunque esta vez la atacaron directamente lanzándose sobre ella, tirándola al suelo y empezaron a morder y cortar su cuerpo mientras yo caminaba con paso lento y relajado hacia ella, sin intención alguna de ayudarla, ni de hacer que pararan, debería dejarles mucho más tiempo para que acabaran con ella pero, una vez llegué justo detrás de los payasos, di un paso, atravesé con mi pierna el cuerpo de uno de ellos y desaparecieron, dejando a la joven en el suelo llena de cortes y mordiscos que no dejaban de sangrar por todo el cuerpo, parecía asustada y, mirándola desde arriba, le dediqué una sonrisa. Estudié sus heridas e hice una mueca, la mayoría eran demasiado superficiales como para que le dolieran en comparación con otras, lo pero eran los mordiscos que aún sangraban abundantemente y eran bastante profundo… Joder, tenía que mejorar mis poderes, el tiempo que había pasado recluido del mundo solo me había servido para joderlo todo y hacer que mi parte humana saliera a la luz y ahora… Tenía que volver a encerrarla de una vez por todas para que mis poderes volvieran a ser lo que eran y con ellos, mis adorados payasos volvieran a tener la eficacia que siempre habían tenido… No pude evitar que el olor de la sangre de aquella chica me llegara y me tentara a beber su sangre, a probarla y luego a matarla pero… Todo a su debido tiempo, aún tenía mucho tiempo para jugar con ella… Lo primero era descubrir quien coño era y que leches estaba haciendo allí y lo siguiente…. Volver a atormentarla un rato. Llevaba demasiado tiempo mirándola, en silencio, y si ella no iba a hablar ni me iba a gritar ni iba a preguntarme quien era… Empezaría yo a hablar, el silencio era muchas veces un gran aliado, pero yo solía odiarlo la mayor parte del tiempo… ¿Silencio? ¿Para qué? Cuando en su lugar puedes escuchar los gritos desesperados de tus víctimas mientras los matas lentamente, los torturas y todo, justo después de haberles engañado, de hacer que creyeran y confieran ciegamente en ti, Oh, las expresiones de sus rostros cuando descubrían que les habías mentido, que habían confiado en ti y ahora… Estabas a punto de acabar con su vida… Era increíble. Sí, una de las mejores cosas del mundo. Pero, por una vez, no iba a andarme con rodeos, no porque estuviera desentrenado, simplemente, aquella chica no me llamaba tanto la atención como para perder mi tiempo con ella, además, estaba podidamente furioso, enfadado con ella por haberme escuchado y ahora lo acababa de pagar… en parte. Aún nos quedaba mucho por delante. Solo acababa de empezar con ella.

-Mmmmm… - dije ladeando la cabeza mientras seguía estudiándola desde arriba. – Huele bien… - dije refiriéndome a la sangre. Y esbocé una media sonrisa. - ¿Te han gustado los payasos? Oh, son encantadores… - vi la cara que puso e hice una mueca. - ¿Enserio no te han gustado? Era una broma… Si es que los jóvenes de hoy en día no tenéis sentido del humor…! - negué con la cabeza mientras sonreía. – Por cierto, ¿Piensas pasarte todo el día en el suelo? – hice una pausa y suspiré. – Como quieras… - me encogí de hombros.

Empecé a caminar de nuevo hacia el fondo del pasillo, en dirección a la habitación de la que había salido y cuando llegué al final, me giré, dedicándole una enigmática sonrisa que no daba nada de confianza, más bien todo lo contrario y, entonces, volví a desaparecer de su vista. Aunque la carcajada que solté la escuchó perfectamente pero… ¿Había sido dentro de su cabeza? Joder, la gente decía que no había que jugar con la comida pero… Es que era tan podidamente divertido! No podía evitarlo además, no tenía madre que me impidiera hacerlo… Después de todo, yo mismo la había matado.
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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Amanda Smith el Dom Jul 11, 2010 8:17 pm

Sabía que había alguien ahí, lo sabía seguro aunque mi mente estuviera jugándome malas pasadas e inventándose cosas como las que estaba segura de que veía pero que desaparecían con tanta rapidez que me impedían confirmar si aquello era real o, por el contrario, debería estar yéndome ya hacia el loquero más cercano a que me pusieran la camisa de fuerza y me metieran en la habitación acolchada. O eso o darme un par de buenas leches en la cabeza a ver si la idea volvía a ser lo que era, porque vamos, aquello no podía ser bueno. Cuando comencé a escuchar unos pasos me puse en tensión instintivamente, a ver si era lo suficientemente rápida como para atisbar a quien fuera que estaba jugando conmigo de semejante manera y confirmar mi veredicto. Tenía su ironía que una antigua estudiante de psiquiatría dudara de su cordura, precisamente en un momento como aquel en el que la necesitaba (o lo que quedaba de ella, al menos) más de lo habitual. Pero ahí estaba, como sólo yo sabía hacerlo. Bien, oye, muy bien.
Sus pasos fueron aumentando de intensidad a medida que se acercaba a mí, cada vez más y de una manera exasperantemente lenta, o al menos así me lo parecía a mí porque en ese momento mi paciencia era lo que venía siendo inexistente, o tal vez lo siguiente a eso. Su cuerpo, al final, terminó por chocar con el mío, y durante los breves segundos en los que nuestro contacto duró pude verle, aunque fue demasiado rápido y no me quedé con demasiados detalles de su físico, sino sólo lo más llamativo: sus fríos ojos azules, los mismos que había visto antes en las escaleras, su piel pálida, o al menos en la zona de la cara, la única en la que me había podido fijar, sus piercings, y su cabello oscuro, muy oscuro y a simple vista negro. Tendría su ironía que fuera una alucinación, porque eso no haría más que demostrar lo mal que estaba. Hasta mis propias alucinaciones tenían que ser rockeros, como a mí me gustaban los chicos. Dios, estoy enferma. Por pura inercia me giré cuando se separó de mí, a ver si volvía a verle y me podía asegurar de que no estaba grillada perdida. Vamos, eso lo sabía, pero aún así intentaba convencerme a mí misma de lo contrario.
Escuché sus pasos atravesar el pasillo, y vislumbré de fondo una puerta abriéndose. Supuse que él estaría dentro, pero no pude moverme e ir hasta allí. ¿Por qué? Misterios de la vida, la cuestión era que me encontraba como clavada en el suelo y aunque sabía que le iba a ver si seguía caminando, no lo hice. De todas maneras no habría supuesto demasiada diferencia, porque enseguida una sola palabra se escuchó por aquel segundo piso de la casa, una palabra que de normal me habría hecho reírme en la cara de quien la había dicho pero que, en aquellas circunstancias, me hizo sentir en escalofrío de temor. Hacía ya mucho tiempo que no sentía nada parecido al miedo, y la sensación simplemente me resultaba algo a lo que no estaba acostumbrada. No me gustaban esa clase de sorpresas.
De pronto, el silencio que hasta aquella palabra había invadido la penumbra en la que nos encontrábamos inmersos se vio sustituido por algo mucho peor: muchas risas de payasos, que más que risa parecían gritos de pura maldad y locura. Me lo estuviera imaginando o no, al menos yo no era la más demente de los que estábamos allá, y aunque débil como él solo, al menos eso era un consuelo. ¿Qué demonios? Ni consuelos ni niños muertos, aquello era demasiado paranoico como para buscarle alguna clase de sentido. Ni de mi mente podía haber salido algo así, o al menos eso era lo que pensaba mientras miles de payasos diabólicos, con cuchillos, colmillos y aspecto demencial, salían de todas partes, como si fueran una maldita plaga. Y claro, yo seguía sin poder moverme lo más mínimo, ignorando aquel sexto sentido que me decía que echara a correr cuanto pudiera y me alejara de allí lo más rápido posible para evitar que me pasara nada. Claro, tenía que haberlo hecho, porque enseguida aquellos seres de pesadilla comenzaron a rodearme y, sin dejar un instante de reírse, logrando que sus malditas voces se me metieran dentro de la cabeza, dándome ganas de ponerme a chillar, me lanzaron sus armas, logrando darme de vez en cuando. Las heridas que me hacían eran más molestas que dolorosas, pero aún así comencé a sangrar y el olor de mi propia sangre hizo que me mareara un instante. ¿Marearme por oler sangre? ¿Qué demonios me pasaba ahora? Estaba peor de lo que pensaba, porque cerré los ojos para aguantar a los payasos estoicamente. Al final los abrí un instante, lo suficiente para ver a la figura de antes al final del pasillo, dedicándome una mirada malvada. Un susurro que no escuché salió de sus labios, y los payasos desaparecieron, siendo sustituidos por sangre que caía de las paredes. Como si me hubiera leído la mente acerca del mareo anterior, vamos, pero aún así me sentía hambrienta por aquel líquido carmesí que no dejaba de caer. Tragué saliva para evitar aquella ansia, pero no lo conseguí, y mis ojos seguían fijos en él, a ver si le daba por parar aquella estupidez de una maldita vez. El suelo estaba inundándose rápidamente, conmigo allí en medio, y al final la sangre desapareció para volver a ser sustituida por los payasos, que en vez de seguir rodeándome como antes, sacaron a la luz su lado más psicótico, aquel que más les pegaba desde que les había visto, y sus ataques pasaron a ser directos, miles de centelladas que me tiraron al suelo y me hicieron ponerme a sangrar, herida más profundamente que antes, pero sólo por los mordiscos que no dejaban de darme. Y aún así no gritaba, sino que me limitaba a quedarme ahí plantada, aguantando, aguantando, aguantando, con una paciencia que no sabía que tenía. Si quería espectáculo, desde luego que no iba a tenerlo.
Me estaba dando por pensar acerca de él, como debía haber hecho desde hacía un buen rato. ¿Qué era, por todos los infiernos? No parecía parecerse a ninguna criatura con la que hasta entonces me hubiera enfrentado. Pero entonces la imagen de Synyster me vino a la mente, con aquel don suyo de poder hacer todo lo que quisiera. ¿Aquel chico sería como él? Entonces estaba bien jodida, porque estaba a su merced sin posibilidad alguna de escapar excepto caerle en gracia. Y eso lo veía chungo.
No había cerrado los ojos aquella vez, sino que había estado pendiente de todo, mirando a aquel chico que, desde la otra punta del pasillo, tampoco me quitaba los ojos de encima. Si le miraba a él no vería a los payasos y me sería más fácil evitar volverme aún más loca. Así que, por descontado, eso fue lo que hice. Evitaba gritar o emitir algún sonido, además, y eso pareció tocarle las narices. Vale, no era lo mejor que podía conseguir, eso de molestar a quien me estaba atacando sin razón aparente.
Comenzó a hablarme por romper aquel silencio, y dijo que olía bien. La sangre, claro está, y en ese momento estuve de acuerdo con él, quisiera o no. Olía demasiado bien, lo suficiente como para hacerme querer levantarme de allí y lamer las paredes. Su pregunta de si me habían gustado los payasos me hizo poner una mueca de asco, porque no podía estar menos de acuerdo con él. Aún así no dije ni palabra al respecto, porque no quería que lo que pudiera decir le enfadara y así se pusiera a hacerme lo que él quisiera (de todas maneras, tenía la sensación de que iba a hacerlo hablara o no, pero aún así prefería mantener aquel silencio. Por si las moscas). Ante eso me respondió con algo de que a los jóvenes de ahora no nos va el humor y no sabemos captar las bromas, pero tenía razón en aquello de que a mí, al menos, no me iban. Si eran de mal gusto y tan violentas que me dejan sangrando en el suelo no, vamos, y creo que en eso no soy la única de este maldito universo que lo pensaría. También me dijo que si pensaba pasarme todo el día tumbada en el suelo, y la verdad era que ya los payasos no me atacaban, y me había quedado allí tumbada sin levantarme ni moverme ni nada de nada. Con mi respuesta muda de seguir sin moverme de allí se fue a la habitación a la que había ido antes, no sin antes obsequiarme con una risa malévola que hacía que las de los payasos se quedaran en meras aficionadas a su lado. Joder, aquel chico me asustaba demasiado, y eso que ya hacía tiempo que no sentía miedo. Me incorporé en el suelo hasta quedar sentada, mirando el pasillo vacío por el que se había ido y en mi cabeza con la confusión y el cabreo pugnando por salir, aunque en ese momento el cabreo le llevaba bastante ventaja a la confusión. Estaba cubierta de sangre, tanto mía como aquella que había salido por la pared, y me estaban entrando ganas de comenzar a lamerme a mí misma, pero me contuve. La sed no iba a imperar en mí, hoy no. Me levanté del todo, con dudas entre seguir a mi instinto de supervivencia y salir corriendo de allí por mi propia seguridad o, por el contrario, seguir a mi curiosidad y avanzar hasta donde le había perdido de vista. Cómo no, ganó mi curiosidad, e insultándome interiormente en todas las lenguas que se me ocurrían por mi estupidez comencé a dirigirme hasta la habitación con paso trémulo, hasta que al final me adentré en ella, inconsciente de lo que me podría pasar.

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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Gabriel Ashba el Lun Jul 12, 2010 5:25 pm

Me perdí por las sombras de aquella habitación, sabiendo que aquella chica iba a seguirme. Tenía apenas un par de muebles, un armario enorme y viejo de aspecto imponente, típico de una película de fantasía en la que te metías dentro de él y aparecías en cualquier mundo lejano y maravilloso, un colchón tirado en el suelo con una pinta poco acogedora y un espejo roto de cuerpo entero justo enfrente del armario. Me lo pensé mucho porque, realmente, aquel viejo colchón me daba asco pero terminé tumbándome en él, con las mano detrás de la cabeza a la espera de que la chica llegara de una vez por todas, escuchaba los pasos que venían por el pasillo y cada vez estaban más cerca, cerré los ojos y justo cuando apareció en el umbral de la puerta volví a utilizar mis poderes, deseando ser invisible para ella y así fue, cuando entró en la habitación, ni siquiera me vio, aunque ella sabía perfectamente que me encontraba allí, tenía muy claro que podía sentir mi presencia y mis truquitos de ilusionista no la confundirían pero... Al menos yo me divertiría con aquello. La habitación estaba medio en penumbras tenía solo una ventana sobre el colchón en el que me encontraba y estaba tapiada con tablas de madera, pero algunas de ellas estaban lo suficientemente rotas como para que por ellas entrara algo de luz y podía ver a la perfección la sangre del cuerpo de la chica relucir en su cuerpo, llamándome para que la probara. No pude evitar pasarme la lengua por los labios pero entonces, tuve una idea... Cerré los ojos ce nuevo, concentrándome, y en la habitación empezó a escucharse un Tic-tac continuo, como de un reloj al que se le unió otro y otro y otro más convirtiéndose en el sonido de cientos de relojes a la vez, capaces de volver loco a cualquiera pero ahí no acababa todo porque el armario empezó a moverse, a agitarse de forma brusca sin parar hasta que parecía que iba a explotar y, de repente, se abrió la puerta lentamente.Noté como la chica contenía el aliento por un segundo y sonreí entonces, una pequeña manita completamente blanca apareció apoyándose en la puerta. La primera muñeca salió lentamente mirando hacia todas partes, le faltaba un ojo, sus bucles dorados estaban enredados y su pequeño vestido blanco de comunión estaba desgarrado y manchado de rojo, después salió otra, y otra y otra... Al final había unas diez muñecas que terminaron por interponerse entre la chica y yo. Mirándola como enfadadas y con un gran secreto: Las muñecas empezaban a arder, como si explotaran en un momento dado. Las muñecas caminaban hacia la chica que desconocía su secreto, empezaban a subirse por sus piernas y ella intentó apartarlas, alejarlas y como pudo las cogió y las lanzó lejos, las primeras en impactar contra la pared fueron las primeras en arder. Haciendo que el fuego se extendiera poco a poco por la habitación. Mientras ella se peleaba con las muñecas, rompí las tablas de madera de la ventana de una patada y cuando me dio el sol de lleno volví a ser visible. De nuevo me tumbé sobre la cama mientras la chica me miraba con incredulidad. Las muñecas que quedaban empezaron a subirse sobre mi como si estuvieran fuera de control, les arranqué la cabeza y las lancé por la ventana, haciendo que al impactar contra el suelo empezaran a arder. Me encogí de hombros y me volví a tumbar, observando la escena, con los brazos detrás de la cabeza y el fuego que iba propagándose poco a poco por la habitación. Ella seguía luchando con las muñecas y solté un bufido, aburrido, eran jodidas muñecas, ¿Qué coño podían hacerle? ¿Ponerse a arder sobre ella y quemarla? Bah, podría hacer que el fuego se pagara cuando quisiera, ¿De qué coño se preocupaba? Me daba igual absolutamente todo peo la chica parecía estar bloqueada y no poder librarse de las muñecas quedaban apenas dos o tres intentando trepar sobre ella. Aburrido, chasqueé los dedos e hice que las muñecas desaparecieran dejando en paz a la chica que no sabía aceptar una broma. Volví a chasquear los dedos y el sonido de los relojes se paró de golpe dejando la casa en silencio y lo único que se podía escuchar era el fuego quemando la madera detrás de nosotros. El fuego me estaba dando calor y, mientras miraba de arriba a abajo a la chica, me mordí el labio inferior moviendo un poco el piercing y sonriendo.

-Ven aquí... - dije, a modo de orden utilizando mis poderes. Intentó resistirse pero no pudo evitar caminar y ponerse frente a mi, delante del colchón, mirándome desde arriba. - ¿Tampoco te han gustado las muñecas, preciosa? - pregunté sonriendo. - Vaya, eres difícil de impresionar... Pero ya me he aburrido... - me encogí de hombros. - Túmbate en la cama. - se resistió de nuevo pero terminó haciéndolo. Le dejé un hueco a mi lado y apoyé mi cabeza en mi mano mientras la miraba. - ¿Qué pasa? ¿Acaso no sabes lo que te voy a decir que hagas ahora? - sonreí. - Si quieres....Puedes empezar antes de que te obligue a ello... - me encogí de hombros mirándola con una fingida inocencia que parecía demasiado real. - Sino... Quédate muy quieta.

Rodé sobre el colchón y me puse sobre ella, empecé a lamer lentamente las heridas que tenía y de las que más sangre salía, saboreandola y corroborando así que en su organismo tenía sangre de demonio pero que no era una Niña especial de Azazel. Ahora tenía la duda y estaba intrigado por saber que demonio le habría dado su sangre a aquella humana y por qué. Los demonios cada vez estaban más locos y hacían cosas que ni ellos mismos entendían. Menos mal que yo no era como ellos, yo era mejor. Continué lamiendo su cuerpo hasta que no quedaba más sangre en las heridas y dejé mi rostro frente al suyo, nos separaba muy poca distancia y podía sentir su aliento sobre mi y estaba seguro que ella podía sentir el mio. El fuego se había extendido demasiado y estábamos prácticamente rodeados por las llamas que hacían que la temperatura de la habitación hubiera aumentado notablemente. Pude ver como miraba de reojo el fuego que cada vez se extendía más rápido pero, el humo salía por la ventana que me había ocupado antes de abrir.

-Está bien, ya lo pillo... - suspiré. - Agua... - y sin saber exactamente de donde venía empezó a caer agua del techo de la habitación como si fuera una tormenta y las llamas terminaron por apagarse después de un buen rato, ahora estábamos calados y con algo de frío en vez del calorcito de antes. Chasqueé los dedos y el agua desapareció. - ¿Contenta? Ahora deberás compensarme por eso... - sonreí. - Por cierto... - me incliné y besé sus labios con pasión abriéndome paso hasta su boca con mi lengua y separándome de ella de manera brusca. - Soy Ashba. - le guiñé un ojo y esperé a que dijera algo o, simplemente, me compensara como antes había dicho.
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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Amanda Smith el Mar Jul 13, 2010 2:10 pm

La habitación estaba casi totalmente vacía, a excepción de un espejo roto, un colchón sucio y un armario que haría las delicias de cualquier escritor o guionista de historias de terror para que el asesino se escondiera en él a aguardar a su víctima, razón por la cual supe que él no se encontraba en él. Sería demasiado típico, y si algo me había demostrado en lo poco que llevaba con él de encuentro (y que a pesar de eso a mí ya se me estaba haciendo demasiado largo, tanto que quería irme de allí cuanto antes) era que a él no le iban las cosas típicas para nada, sino que prefería sorprenderme. Mal plan, porque si no era previsible no podría tratar de intuir por dónde iba a venir y así estaría totalmente indefensa frente a él. Pero, ¿qué demonios? Si realmente aquel chico era como Synyster (y esa era la impresión que me había dado, a pesar de que hacía tanto tiempo que no veía a Syn), eso significaba que podía hacer todo lo que quisiera, sin ninguna clase de límite, y eso en sí mismo me garantizaba estar en una notable desventaja. No me gustaba, pero aún así no me quedaba otra opción.
La habitación estaba casi totalmente a oscuras, porque a pesar de que había ventanas, la mayoría estaban tapiadas y no se podía ver demasiado del interior; sólo los rayos de luz colándose entre las rendijas, iluminándola de manera fantasmagórica, la dotaban de cierta visibilidad, que aún así no me servía para nada. Si sabía que él estaba allí era por mi instinto, por mi propia sed que me decía que él era demoníaco y que su sangre me atraía tanto como lo hacía, no porque pudiera verle u oírle. Estaba jugando conmigo como a él más le apetecía, y no podía hacer nada por impedirlo que no fuera aguantar su juego, más bien porque huir no era una opción. Era lo que mejor podría hacer, pero tenía demasiada curiosidad como para simplemente marcharme de allí y dejarle libre, más cuando sabía de sobra que no me dejaría huir tan fácilmente. No se privaría de un plato servido en bandeja; no sería inteligente por su parte.
De pronto, el sonido de un reloj, aquel molesto tic-tac que siempre les precedía comenzó a oírse en la habitación, primero con suavidad para después ir aumentando de intensidad, como si al primer reloj se le hubieran unido muchos más en una especie de fiesta del tiempo, o algo así. Sí, en chorradas como esas tenía que pensar si no quería que aquel horroroso sonido me volviera loca, pero ni por esas. Su constancia se me metía dentro de la cabeza, que luchaba por evitar que los gritos se escaparan de mi garganta, aullidos desesperados que sólo querían conseguir que aquel ruido parara de una maldita vez. Me contuve, porque mi atención pronto pudo distraerse con aquel armario, que comenzó a moverse bruscamente, como si algo o alguien en su interior estuviera muy enfadado y quisiera salir de allí. Me estaba asustando todo aquello, y no pude evitar contener el aliento hasta que la puerta se abrió, y de él salió una mano blanca, diminuta y de la textura de la porcelana. No, espera, que era porcelana de verdad. Ante mi mueca de sorpresa comenzó a salir de allí una procesión de muñecas de porcelana en distintos estados de demacración, pero todas ellas escalofriantes. No iba a poder mirar a los juguetes del mismo modo, a partir de ese momento. Con una cara de mal humor impresionante comenzaron a subir por mis piernas, y yo las cogía como podía y las trataba de alejar lejos de mí. Lancé a varias hasta que impactaron contra la pared, y cuál fue mi sorpresa al ver que comenzaban a arder. No, lo que me faltaba, ya. Tenía que alejarlas de mí a toda costa para que no me hicieran adquirir complejo de antorcha, como la habitación en la que estábamos, que estaba empezando a arder. Las tablas que cegaban la ventana se rompieron de golpe, y el sol entró a raudales, haciendo visible la figura de aquel chico. Su visión me sorprendió y cabreó a partes iguales, pero no podía centrarme en él porque estaba demasiado ocupada luchando con aquellas muñecas infernales, que se agarraban con tenacidad a mí con aquellas diminutas manos. Quién diría que una muñeca de porcelana tiene tanta fuerza... Él se tumbó sobre el colchón, con aspecto aburrido, y unas muñecas se le subieron encima, como si ya ni respetaran a su creador. Él se limitó a tirarlas por ahí, aumentando el fuego de la habitación, y yo seguía peleándome con ellas. Me quedaban dos o tres, aunque me parecían más porque la sed me impedía adquirir la fuerza suficiente como para librarme de ellas. Al final, él chasqueó los dedos y me libró de ellas, permitiéndome respirar tranquila durante un instante, el que tardé en darme cuenta de que el fuego se estaba extendiendo a una velocidad alarmante. También hizo que el sonido de los relojes (al que ya me había acostumbrado, sorprendentemente) se detuviera por completo, quedando en silencio. Se mordió el labio bajo mi atenta mirada, jugando con aquel piercing. De no haber estado en esas circunstancias, probablemente me habría logrado calentar con aquello. Ahora, el único calor que sentía era el del fuego que nos rodeaba.
Me dijo que viniera, y yo no quise hacerlo, mas no pude. Como si alguien que no fuera yo controlara mi cuerpo, me acerqué pesadamente hacia donde él estaba tumbado, quedando frente a él y mirándole desde arriba. Me preguntó si tampoco me habían gustado las muñecas, y ni vi la necesidad de contestar. Me ordenó que me tumbara en la cama (bueno, a cualquier cosa se le llama cama estos días) y, aunque no quería hacerlo, me tocó tumbarme a su lado, muy cerca de él. Nunca me había gustado que me controlaran, por mucho que no pudiera resistirlo.
Me dijo que si tenía que decirme lo que iba a hacer ahora, con una expresión de inocencia que le pegaba, aunque supiera que no era real. No podía serlo, de ninguna manera. Elegí la segunda opción, la de quedarme quieta y dejar que fuera él el que tomara la iniciativa. Recortó la distancia que quedaba entre nosotros y se puso a lamer la sangre que aún quedaba en mi cuerpo, la mayoría de mis propias heridas. Se centró en las que más sangraban, y el tacto de su lengua (con aquel piercing que descubrí que también tenía) amenazaba con volverme loca del todo. ¿Por qué demonios si no quería que lo hiciera estaba disfrutando tantísimo con aquello? Misterios de la vida.
Al final, en cuanto terminó de quitarme de encima toda aquella sangre, puso su rostro muy cerca del mío, tanto que podía notar su aliento cálido sobre mí. Cálido, como el fuego creciente que nos rodeaba. Le eché una mirada de reojo, porque si tenía que ser sincera me estaba empezando a asustar de aquello, pero él se dio cuenta y pronto, tras decir una palabra (agua, muy acorde a lo que necesitábamos) logró que el fuego se apagara, calándonos de paso a nosotros también. Ahí fue cuando yo ya respiré más tranquila, aunque no tenía que olvidar que seguía totalmente a su merced, detalle que él no tardó en aprovechar. Me dijo que tendría que compensarle, y después me besó de una manera brutal y rápida, permitiéndome notar su lengua en mi boca durante apenas unos segundos hasta que se separó de mí. Me dijo que su nombre era Ashba, y de nuevo elegí la opción fácil, ya que no estaba dispuesta a compensarle, como él había dicho. – Amanda. – respondí, simplemente diciendo mi nombre y no soltando más prenda.
Tenía que encontrar el modo de irme de allí, de distraerle lo suficiente como para poder levantarme y salir corriendo, pero es que me resultaba casi imposible. Además, era tan como Synyster... Se parecía mucho a él, no sólo en lo caprichoso e impredecible que Syn me había demostrado ser, sino también físicamente tenían un aire. Sólo que claro, Syn me había demostrado que podía llegar a ser bueno, y con Ashba no estaba segura de que aquello pudiera pasar. Qué narices, con él sabía de sobra que no iba a pasar. La maldad se le veía a la legua, a varios kilómetros de distancia, y tenía que alejarme de él si no quería acabar mal. Malditas recaídas.
– Eres como Syn... – murmuré entre dientes, sin pensármelo demasiado. Aquello, sorprendentemente, pareció aturdirle lo suficiente como para darme una ligera ventaja inesperada y así pude levantarme de donde estaba y ponerme a correr en dirección a la salida. A las ventajas inesperadas, mejor no mirarles el diente, ¿no? Pues ya está. Crucé la habitación a grandes zancadas, buscando salir de allí y hacer caso a mi instinto por primera vez en lo que llevaba de día, algo que tenía que haber hecho hacía ya un buen rato y que sin embargo, por lerda, no había hecho.

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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Gabriel Ashba el Mar Jul 13, 2010 10:05 pm

Seguía pegado a la cara de la chica, esperando que estuviera tan aburrida como yo y que por ello empezara a hacer alguna cosa con la que pudiéramos divertirnos, algo para acabar con el aburrimiento o tendría que seguir creando aquellas cosas, payasos, muñecas de porcelana, esqueletos, muertos vivientes, animales infernales... Cualquier cosa con tal de acabar con el aburrimiento y torturarla. Después de decirle mi nombre ella, simplemente, me dijo el suyo, e hice una mueca. Amanda, bien, vale, encantado de conocerte... ¿Cuando me la vas a chupar? Al parecer eso no entraba en sus planes y no podía evitar mirarla fijamente a los ojos, incitarla a que hiciera algo, lo que fuera, ya me daba igual pero ella continuó mirándome, como pensando en cientos de cosas antes que en lo que podía pasar en esa habitación y, entonces, me soltó aquello. La verdad, me dejó noqueado y me aparté un poco de ella, mirándola extrañado mientras sus palabras resonaban una y otra vez en mi cabeza "Eres como Syn..." había dicho. Syn, Synyster... Mi hermano. Joder, ¿Aquella maldita medio demonio lo conocía, entonces podría decirme donde encontrarlo, donde estaba, joder, ¡Necesitaba encontrarlo! Al final aquello me iba a servir de más de lo que había pensado y iba a conseguir información, por fin estaba más cerca de él y no me lo podía creer. Ella aprovechó que me había apartado lo suficiente como para ponerse de pie y intentar huir pero era rápido de reflejos, me giré rápidamente y justo cuando llegó a la puerta alcé el brazo y la paré, haciendo que se quedara paralizada donde estaba sin poder moverse. Me levanté de aquel colchón lentamente, sin bajar mi brazo en ningún momento y me puse frente a ella, bajé el brazo y giré a su alrededor, dándole un par de vueltas y estudiándola... ¿Qué tenía ella que no tuviera yo? ¿Por qué ella le conocía, sabía donde estaba y yo no? Era su hermano, debería sentirle, saber donde está en cada momento. Entonces recordé, además, que me había escuchado cantar, me había escuchado tocar y la ira, la rabia y el cabreo empezaron a fluir por todo mi cuerpo de golpe como una enfermedad que empezaba en una zona del cuerpo y, la gangrena, hacía que se extendiera por todo mi cuerpo llenándolo de esos sentimientos que estaban a punto de hacerme explotar y perder la paciencia en ese preciso momento. Cogí su cara con una de mis manos, apretando con fuerza sus mejillas y haciendo que me mirara fijamente a los ojos.

-Vas a decirme absolutamente todo lo que sepas de mi herma... de él. Ahora mismo. - dije mirándola a los ojos con rabia. - ¿Sabes? Olvídalo, lo encontraré sin tu ayuda, no necesito que una maldita chiquilla medio demonio con problemas mentales me solucione la vida... Más bien... Te los solucionaré yo a ti.

Sin soltarle la cara la besé y me separé rápidamente con una sonrisa en mis labios. La lancé al colchón como si se tratara de una muñeca de trapo y caminé hacia ella sin apartar mi vista de ella, me quité la camiseta y la lancé a un lado, notaba como me miraba, me estudiaba, pero no tenía ni idea de lo que iba a hacerle. Pestañeé e hice que la habitación cambiara de golpe, que la decoración fuera antigua pero bien cuidada, barroca, ella estaba tumbada en una enorme cama con sábanas negras y rojas y a nuestro alrededor habían varios espejos de pie, también estaba el armario y el espejo roto pero eso pasaba desapercibido. Cuando quiso darse cuenta, Amanda tenía las manos atadas al enorme cabezal de la cama que se alzaba imponente sobre ella con detalles esculpidos en la propia madera negra. "Mucho mejor..." susurré cuando me quitaba las zapatillas y lentamente subía a la cama moviéndome a cuatro patas lenta y delicadamente con mis ojos puestos en ella como si fuera una pantera. Por un momento, para ella, era una pantera con enormes ojos azules que daba vueltas a su alrededor y al momento siguiente volvía a ser yo, que ya estaba sobre ella con una media sonrisa sádica en los labios. Me incliné y lamí su cuello, la única parte que no tenía ninguna herida ni ningún mordisco, precisamente por lo que ahora iba a pasar, abrí la boca todo lo que pude y la mordí apretando su carne con fuerza hasta hacerle sangre y beber directamente de ella. Lamí toda la sangre que salía de su cuerpo con avidez, sintiéndome más fuerte con cada nueva gota y deslicé mi boca cerca de si oreja.

-Podría desnudarte simplemente chasqueando los dedos... Pero estoy seguro de que disfrutarás más así... - cogí su camisa con la boca y estiré con fuerza, rompiéndola y haciéndola jirones con mis dientes, dejándola en sujetador. Me deslicé hacia abajo y le quité las zapatillas lentamente, lamí los dedos de sus pies cuando estuvieron al descubierto y le quité los pantalones. - Es hora de hacer mi magia... - dije guiñándole el ojo con una enigmática sonrisa en mis labios.

Empecé a subir por su cuerpo llenando sus piernas de besos y mordiscos, cuando llegué entre sus piernas ella se resistía, las mantenía cerradas, aún así, mejor para mi.... la cogí de las rodillas y las separé con fuerza, me incliné y la mordí por encima de la ropa interior. Seguí subiendo hasta su sujetador que tampoco tardé demasiado en quitarle y entonces... Empezó lo bueno, empecé a coger sus pechos con mis manos, apretándolos y mordiéndolos con fuerza, haciéndoles enormes heridas y mordiendo sus pezones. Subí a sus labios y, más que besarlos, los mordí con ganas de volver a probar su sangre, mientras tanto, mi mano comenzó a descender por su cuerpo hasta hacerse paso y llegar a su entrepierna, le quité te un tirón la ropa interior y ella se movió hacia los lados, intentando escapar, pero no la dejé y ocupé sus labios con los míos, besándola con pasión y metiendole la lengua hasta el fondo de la boca mientras con mi mano empezaba a acariciarle el clítoris con tanta rapidez desde un principio que su cuerpo se arqueó.

-¿Qué pasa? ¿Acaso no quieres pasártelo bien? ¿No estás disfrutando? - por la mirada que me echó y por como su cuerpo se movía intentando escaparse de mi, observé que no. - Bueno... entonces será peor para ti... - sonreí. - Podríamos haber disfrutado los dos con esto, preciosa... Pero creo que al final solo voy a disfrutar yo...

Me encogí de hombros y notando mi mano apenas mojada por sus fluidos hice una mueca, pero la penetré con varios de mis pedos de golpe para que lo siguiente, no fuera demasiado doloroso... Joder, en el fondo era bueno y todo y me preocupaba por ella! Me quité los pantalones y los boxers mientras ella me miraba atentamente, estaba jodidamente excitado y la erección que tenía entre las piernas era más que evidente, volví a coger los pantalones enseguida y saqué de ellos un condón, antes de nada, me lo puse y con una sonrisa enorme pegué mi cuerpo al suyo, abriéndome paso entre sus piernas, la mordí de nuevo con fuerza en uno de sus pechos y la sangre empezó a brotar de la herida y, entonces, la penetré con fuerza, hasta el fondo y sin preliminares. Salí una vez de ella y volví a entrar con brusquedad y así varias veces de forma más bien lenta hasta que su cuerpo se amoldó al mio y comencé a aumentar cada vez más el ritmo mientras bebía su sangre y lamía su cuerpo con avidez. Ya no me importaba donde coño estuviera mi hermano ni con quien estuviera... Ahora solo me importaba aquella chica, Amanda y lo que le estaba haciendo... Me movía dentro de ella de forma violenta y brutal, sin cuidado alguno y arañando su cuerpo, sintiendo tanto placer que se veía aumentado con crecer por la situación y por el hecho de que ella estaba atada y de que quería resistirse que no podía parar. Ya no me importaba si le dolía o no, ahora solo me importaba moverme más rápido, más bruscamente y sentir más su calor. Una de mis manos descendió y empecé a acariciarle el clítoris de nuevo mientras la penetraba cada vez más rápido y la miré con una sonrisa, al menos, que tuviera algo de placer... Aunque algo me decía que, en el fondo, estaba disfrutando aquello casi tanto como yo... Quizá más! En el fondo... Todos estamos rendidos ante nuestros instintos más primarios y tarde o temprano... ella acabaría dejándose llevar.
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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Amanda Smith el Miér Jul 14, 2010 3:06 pm

Y, por supuesto, mi huida desesperada no duró demasiado, ni siquiera lo suficiente como para permitirme salir de aquella habitación y correr por la casa. No, Ashba no me dio tiempo a desempolvar mis habilidades de corredora ya olvidadas, sino que tuvo que frenar mi carrera en seco antes de llegar a la puerta. Mi cuerpo permaneció estático mientras le escuchaba detrás de mí, levantándose y pronto llegando a mi altura. Oh, muy bien, le he cabreado, lo que me faltaba ya por vivir. ¿Qué tenía yo, que siempre terminaba por cabrear a la gente que menos me convenía? Porque mi relación con Synyster no había empezado con demasiado buen pie tampoco; es más, me atrevería a decir que empecé odiándole hasta que me descubrió que bajo aquella capa de maldad sin edulcorar podía encontrar a un chico agradable, incluso. Ashba, sin embargo, no tenía el aspecto de esconder una faceta agradable bajo la que me estaba mostrando, sino que más bien podía aplicársele aquello de “lo que ves es lo que hay”. En pocos casos me ha fastidiado tanto como en este que no sea un maldito falso, como la mayoría de la gente. Definitivamente, esto de la buena suerte no va conmigo ni aunque lo intente.
Se puso a dar vueltas a mi alrededor, estudiándome como si fuera una mercancía que estuviera evaluando antes de decidir si la compraba o no. La comparación me venía que ni pintada, porque para él probablemente yo no era algo mejor que un objeto que poder usar cuando le apeteciera. Que me deshumanizaran de aquel modo cuando ni siquiera yo misma lo había llegado a hacer tanto me fastidiaba, y además aquella estúpida vocecilla que había en mi cabeza, mi Pepito Grillo particular o algo así que se limitaba a decirme obviedades bestiales, no dejaba de recordarme que aquello no podía ser más peligroso para mí. Si para él no era importante, no más que un objeto, y él era alguien igual de poderoso que Synyster (por ende, podía hacer lo que le diera la gana cuando le diera la gana y como le diera la gana, cosa que no ayudaba excesivamente en mi situación), podía considerarme bien jodida. Y sin solución, además, aparte de mantenerme firme y resistir como pudiera. Eso era exactamente lo que planeaba hacer.
Cogió mi cara con su mano, haciendo fuerza y apretando para que le mirara a los ojos, como si fuera una niña pequeña. Me dijo que iba a decirlo todo lo que supiera de su...¿herma? Espero, ¿significa eso que Synyster y él son hermanos? Joder, ahora entiendo muchas cosas, cosas como que parecieran compartir los poderes o que se dieran un aire, no sólo por el hecho de que ambos fueran vestidos de rockeros. La rabia era patente en sus ojos, tanto que me asustaba y me hizo tragar saliva antes de empezar a decirle nada. De todas maneras no me dio tiempo, aunque no hubiera podido decirle demasiado. ¿Cuánto tiempo hacía que no sabía nada de Syn? Después de que, cuatro años atrás, nos hubiéramos acostado en el baño de un bar y hubiéramos intercambiado los teléfonos el contacto había sido escaso, aunque no lo suficiente como para no saber que ahora tenía novia seria y que parecía haber renunciado a causar desastres.
Sus palabras siguientes me dijeron que lo olvidara, que él se iba a encargar de solucionar mis problemas en vez de al revés. Oh, joder, eso no puede ser peor señal. Y no lo fue, porque justo después de que me dijera esa amenaza velada me besó, separándose rápidamente. Mala señal. De nuevo sí, lo era, y me lanzó sobre la cama como si no le costara el más mínimo esfuerzo hacerlo. Probablemente no lo hacía.
Estaba demasiado sorprendida por la situación, cavilando qué demonios pretendería lanzándome sobre la cama, y la sorpresa era patente en mí mientras él se quitaba la camiseta y se acercaba a mí. Con un simple pestañeo la habitación cambió totalmente, pasando a ser una estancia absolutamente barroca. La habría disfrutado, de no ser porque todavía estaba en ascuas acerca de lo que pretendía. Ay, inocentona de mí.
El desvencijado colchón cobre el que antes estaba se había transformado en una majestuosa cama con sábanas rojas y negras, a juego con la cama, y antes de que pudiera darme cuenta (o al menos la suficiente como para intentar evitarlo) tenía las manos atadas al cabezal, impidiendo que escapara. Aún así lo intenté, por aquello de que la esperanza es lo último que se pierde, e intenté deshacer el nudo que me ataba, sin éxito.
Su sonrisa al mirarme dio auténtico miedo, más aún del que él me daba en condiciones normales, y tras decir un mucho mejor que era perfectamente discutible, se subió sobre la cama, acercándose a mi a gatas. En ocasiones le veía a él, y en otras veía a una pantera de imponentes ojos claros acercarse a mí mientras yo no podía hacer nada por evitarlo. Todavía conservaba una digna elegancia, innegable aún a pesar de que su continuada mueca malvada le deformaba los rasgos. Terminó por subirse encima de mí y ponerse a lamer mi cuello, la única zona de mi cuerpo que, gracias a los jueguecitos anteriores (que sólo había disfrutado él), estaba intacta. No tardó mucho en volver a estar como el resto de mi cuerpo, porque me mordió con fuerza, haciéndome desear gritar por el dolor. Sólo apreté los dientes, para no darle el gusto de hacerlo, y noté cómo la sangre brotaba e iba a parara directamente a él. Estaba a su jodida merced, y le encantaba mientras que yo lo odiaba con todas mis fuerzas. Odiaba que me controlaran, y lo peor de todo era que no podía hacer nada por evitarlo.
Me dijo que podría desnudarme simplemente chasqueando los dedos pero que iba a disfrutar más como lo iba a hacer, cosa de nuevo más que discutible. Prefería que fuera rápido ya que iba a pasar de todas maneras, pero él no estaba dispuesto a cumplir con aquello y pronto me arrancó la camiseta, haciéndola trizas con sus dientes. Mis zapatillas fueron lo siguiente que cayó, y él estaba entreteniéndose tanto que ignoraba mis desesperados intentos por revolverme y que me soltara. Me quitó los pantalones y me dijo que era hora de hacer su magia, y fue entonces cuando supe que estaba perdida.
Comenzó besando y mordiendo mis piernas, subiendo poco a poco mientras yo las mantenía cerradas. Tal vez así se diera cuenta de que no quería y dejara de hacerlo, pero ni por esas, porque pronto me las abrió de golpe y me mordió sobre la ropa interior. En condiciones normales (con Sikki, o con alguien que no me lo estuviera haciendo por la fuerza) tal ves lo habría disfrutado, y tal vez tras el dolor habría venido el placer, pero en ese momento sólo pude sentir dolor, mezclado con la humillación que me suponía ser un juguete en sus manos.
Me quitó el sujetador (por suerte sin romperlo) y comenzó a jugar con mis pechos, y quien dice jugar dice hacerles heridas y apretarlos, logrando que volviera a sentir aquel dolor, totalmente exento de placer. No, me resultaba imposible relajarme para que doliera menos de lo que iba a hacerlo, y eso no ayudaba. Su mano continuó descendiendo hasta que me quitó el culotte, logrando que el asco que sentía me hiciera tener las fuerzas suficientes como para revolverme a ambos lados y tratar de huir de él, cosa imposible porque él no me lo permitía. Iba a ponerme ya a gritar cuando sentí su boca sobre la mía, callando aquel desesperado aullido que murió en mi garganta. Tampoco me permitió decirle nada mientras su mano comenzó a acariciarme el clítoris, con brusquedad tal que mi cuerpo se arqueó. Se separó de mí y me preguntó si no quería pasármelo bien. Teníamos, claramente, distintos conceptos de diversión. Irreconciliables, al parecer.
A su mano pronto siguieron varios de sus dedos, que entraron en mí con brusquedad, pero sabía que eso sólo iba a ser el principio, que lo que vendría después iba a doler aún más. Se acabó de desnudar bajo mi atenta mirada, que por alguna razón desconocida reflejaba que, en el fondo, todavía tenía esperanzas de que o bien aquello no fuera real o fuera a acabar con ello, diciendo que era una broma o algo así. Sacó de sus pantalones un condón y se lo puso sobre su enorme erección, que contrastaba con lo poco (más bien nada) excitada que estaba yo. Aparté la mirada mientras acercaba su cuerpo al mío, mordiéndome en el pecho dolorosamente y haciéndome sangrar. Necesitaría una transfusión, al final; eso si sobrevivía, y a esas alturas lo dudaba.
Terminó al final con aquellos preliminares y me embistió hasta el fondo, con fuerza pero lentamente, y así estuvo varias veces hasta que, instintivamente, mi cuerpo se acostumbró a aquello. Mierda, mala señal. Una vez acostumbrada comenzó a aumentar el ritmo que llevaba, arañándome y volviendo a hacerme daño mientras yo intentaba por todos los medios resistirme a aquella invasión, cosa que a él sólo parecía gustarle más. Su mano no tardó en bajar por mi cuerpo y acariciarme el clítoris mientras él seguía a lo suyo, y como siguiendo aquel impulso que antes había sentido inesperadamente, aquello comenzó a no disgustarme tanto como debería, teniendo en cuenta las circunstancias. ¿A quién quería engañar? El cabrón lo hacía jodidamente bien, y al final comencé a excitarme yo también mientras el ritmo que llevaba era bestial. Me mordí el labio inferior de nuevo para no gritar, sólo que lo que ahogué en ese momento no fue exactamente un grito, sino más bien un gemido. No, eso no me venía para nada bien, y menos cuando él pareció darse cuenta. Tenía que encontrar alguna manera de mantener mi boca ocupada para evitar que me traicionara, dado que no me perdonaría nunca que viera que, en el fondo, estaba comenzando a dejarme llevar. – Eres un hijo de puta. – murmuré mientras él seguía, sin alzar demasiado la voz y con esfuerzo porque, de nuevo, amenazó con convertirse en una muestra clara de que lo estaba disfrutando. Vale, hablar no era lo mejor que podía hacer, ¿y ahora cómo cerraba la bocaza? Tragué saliva por la opción que se me había ocurrido, pues una cosa era que me hiciera aquello contra mi voluntad y otra muy distinta que fuera yo la que tomara la iniciativa. No me quedaba más alternativa, o me pondría a gemir y con ello toda mi resistencia a la mierda, así que hice de tripas corazón y, maldiciéndome mil veces por lo que estaba a punto de hacer, le besé, poniéndome a jugar con su piercing para estar ocupada e ignorar lo que mi traidor cuerpo me decía casi con luces de neón.

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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Gabriel Ashba el Miér Jul 14, 2010 5:53 pm

Amanda no dejaba de moverse debajo de mi, pero no para seguir mi ritmo, más bien para intentar escapar de mi, para evitar que continuara con aquello y que lo dejara de una vez... Pero ver como se resistía solo me hacía emplearme mejor, penetrarla con más fuerza y brutalidad y mover mi mano aún más rápido hasta que, de repente, empecé a notar un cambio en su actitud y no pude evitar esbozar una media sonrisa, esa era mi chica... Alcé la mirada justo a tiempo para ver como se mordía con fuerza el labio inferior, intentando reprimir un gemido, yo seguí a lo mio, empleandome cada vez más a fondo dejándome llevar marcando su cuerpo completamente con mi sello personal y entonces la escuché... Fue casi un susurro traicionero de sus labios que amenazó con convertirse en una muestra de placer aunque sus palabras dijeran más bien todo lo contrario... me llamó hijo de puta y, bueno... No podía estar más de acuerdo con ella. Mi madre se había acostado con más hombres en menos tiempo que una actriz porno profesional y eso ya era decir... Así que si, podría decirse que era hijo de una puta, una puta poseída durante un tiempo por un demonio, eso sí... Las cosas hay que matizarlas. Lo que más asco me daba era simplemente el hecho de imaginar el maldito borracho pervertido y salido que podría ser mi padre, joder, solo de pensarlo me daban arcadas, aún así, no la dejé ni un segundo... Y continué embistiéndola con fuerza, como solo un "experto" lo haría. No, no era actor porno, pero joder... Era el anticristo y podría hacer lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera... Aquello iba a ser brutal, le gustara a ella o no. Mientras entraba y salía de ella cada vez más rápido y acariciaba su sexo con una de mis manos notaba como sus fluidos cada vez más abundantes me empapaban dejándome bien claro que, quisiera ella o no, su cuerpo lo estaba disfrutando, su beso, lleno de pasión, fue otra clara señal de que le estaba gustando. Lo correspondí dejando que jugara con el piercing de mi lengua y mordiendo la suya, haciendo que el beso durara todo lo posible mientras su cuerpo comenzaba a arquearse debajo de mi por culpa del placer. No paré entonces ni un segundo y continué entrando y saliendo de ella, cada vez más y más rápido y más fuerte, me volvió a besar con desesperación acallando los gemidos en mis labios, y haciéndome sonreír mientras de nuevo los mordía con avidez y, entonces separé mis labios de los suyos bruscamente dedicándole una sonrisa llena de picardía y guiñándole un ojo. Empecé a besar su cuello con avidez, mordiéndolo, haciendo que su cuerpo se estremeciera y cuando parecía que ella no iba a aguantar más salí de golpe de ella. Ganándome por su parte una mirada de sorpresa que me hizo reírme un poco. Me encogí de hombros, Oh, justo cuando estaba empezando a disfrutarlo... Si creía que yo ya había terminado estaba muy equivocada... simplemente quería torturarla un rato. Seguía mirándome sorprendida, extrañada y quizá cabreada y entonces le mordí en el lóbulo de la oreja.

-Veo que te gusta mucho el piercing de mi lengua... - le susurré. - Pero no tienes NI IDEA de lo que soy capaz de hacer con él...

Descendí por su cuerpo, que estaba ardiendo, lentamente mientras lo acariciaba de forma sensual y lo llenaba de marcas, hasta llegar su entrepierna, seguía con las piernas abiertas y aproveché aquello para mirarla y enterrar mi cabeza allí, empecé a lamer todo su sexo de arriba a abajo, mientras mi piercing la hacía sentir más placer mientras entraba en contacto con su clítoris, el tacto más frío del metal la hizo estremecerse y continué lamiéndola cada vez más rápido aumentando la velocidad, haciendo que no pudiera evitar disfrutar con lo que le estaba haciendo, ya no había manera de acallar sus gemidos y como siguiera mordiéndose los labios acabaría haciéndose sangre, de hecho la habitación estaba cargada con el aroma de su sangre que me embriagaba y me hacía no parar ningún segundo hasta que, finalmente, noté como se movía contra mi, su cuerpo me pidió más y no me negué a dárselo. La había dejado con ganas de más y ahora estaba cumpliendo con creces las expectativas mientras notaba como cada vez estaba más húmeda y no solo por mi silaba, sino por sus propios fluidos que eran aun más abundantes, no pensaba vovler a penetrarla, ni con mi miembro ni con mis dedos... Hice un amago de aentrar en ella con mi legua, recorriendo su entrada lentament, lamiendola con avidez y entonces... Mordí, de repente, su clítoris con fuerza, haciendo que la recorriera una oleada de dolor tremendamente grande que se vio reemplazada rápidamente por el placer. Ella llegó al orgasmo deleitando mis oídos con un gemido que no pudo reprimir, por fin, haciéndome sonreír. Se corrió pero aún así yo seguí lamiéndola, saboreando también sus fluidos, como lo había hecho antes con su sangre y cuando terminé subí lentamente por su cuerpo, mordiéndola con fuerza y haciéndole heridas que sangraban juntando así ambos sabores en mi boca y disfrutando de aquello. Me quedé de nuevo frente a ella con aquella sonrisa manchada de sangre mientras observaba su mirada, podía ver el odio en ella... Odiaba lo que le había hecho, más bien, que lo hubiera hecho en contra de su voluntad y odiaba haberlo disfrutado de tal manera, odiaba haber gemido para que me diera cuenta de lo que le había gustado... Joder, podía leer a aquella chica como un libro abierto, me incliné lo suficiente como para oler su cabello y mirarla aún más cerca. No hablé, ni siquiera le pregunté si le había gustado porque ambos sabíamos que así había sido y simplemente me quedé pensando como torturarla un poco más, yo aún extaba excitado y ni siquiera había acabado, necesitaba más que aqullo, que para mi habían sido uno preliminares bastante buenos pero ahora necesitaba algo mejor para poder acabar de una maldita vez, torturar a Amanda y largarme en busca de mi hermano. Le mordí la mejilla de forma casi dulce mientras no dejaba de mirarla y pensaba en que podría hacer con ella... No tenía pinta de ser demasiado "lijera de cascos", que coño, no tenía pinta de ser demasiado puta ni de ir tirandose a todo lo que tuviera rabo por la calle así que pensé que nunca habría probado "cosas nuevas" pero bueno... Siempre había una primera vez para todo... Y esta primera vez... sería increíble. Lamí mis dedos sin dejar de mirarla y se los pasé por los labios, siguiendo sus lineas, haciendo que finalmente ella los lamiera, sonreí ampliamente y antes de hacer nada...

-Relajate pequeña... Acabamos de empezar...

Entonces me puse de rodillas sobre la cama y puse sus piernas apoyadas en mis hombros acercando todo lo que pude nuestros cuerpos y adoptando una postura mucho más comoda para lo que estabamos a punto de hacer. Lentamente introduje varios de mis dedos en su culo, escuchando sus quejidos, hice que entraran y salieran varias veces pero estaba tan jodidamente excitado y desesperado que no pude evitarlo y terminé por sacarlos rápidamente y cambiarlos por mi pene que entró con bastantes dificiltades y de froma muy brusca pero, cuando lo conseguí, solté un pequeño gemido. Su cuerpo estaba tirante, en tensión, y aquello solo lo hacía más difícil pero no pensaba parar por eso... Empecé a mvoerme dentro de ella más rápido que lo que lo había hecho antes, el secreto era ese, no darle tiempo al dolor a aparecer y entonces, todo sería placer. Si se relajaba, terminaría encantandole. Al final, todas las mujeres hacían lo mismo, al principio se mostraban reacias a aquello pero luego, lo pedían a gritos... A las muy zorras les encantaba y yo no iba a negarles algo así... ¿Cómo podría? Estaba a su completa disposición para absolutamente todo lo que me pidieran, era suyo y ellas eran mías... Al menos, sus últimas horas en la tierra porque luego las torturaba y las mataba lentamente hasta que me aburría e iba a buscar otra cosa lo suficientemente sádica o macabra como para que fuera capaz de divertirme. Amanda no parecía ser una excepción aunque al principio podía ver el dolor en su rostro poco a poco esa expresión cambiaba y se iba relajando,s e iba dejando llevar de nuevo por mi y no pasé, continué haciendole todo aquello a lo bestia y, entonces, la penetré con mi mano entera mientras mi pene entraba y salía de su culo a una velocidad que de normal tenía poco. Ahora mi mano se compasó al ritmo de mi cuerpo y empecé a ntoar como, de nuevo, Amanda o... su cuerpo estaba respondiendo ante lo que le estaba haciendo y sonreí victorioso. Podría decirse que la estaba violando, sí, pero... Ella lo estaba disfrutando y yo también así que podría decirse que era una violación con una parte buena porque, después de todo no acabaría con un bombo y un mini-anticrito dentro de ella durante nueve meses, descubriría cosas nuevas que la harían gozar como nunca... Y no puedes echar un polvo conmigo como el que estabamos teniendo en aquel momento todos los días... Además, si sufría... Se lo tenía bien merecido por absolutamente todo lo que había hecho... Y por zorra! Entonces, me asaltó una duda existencial que hasta ahora no me había parado demasiado a pensar... Entonces... ¿Iba a matarla después de violarla? ¿O la iba a dejar con vida por si acaso me servía de utilidad en un futuro? No tenía ni idea de lo que pasaría al día siquiente así que ni siquiera sabí si ella me serviría de utilidad, aunque, de momento me estaba sirviendo bastante, aunque fuera solo para desahogarme y... Estaría bien algún juguetito así para desestresarme de vez en cuando, desfogarme y ahcerle todo lo que quisiera...Sí, quizá terminaría proponiendoselo, aunque me dijera que no, si yo lo creía conveniente... Haría con ella lo que quisiera, simplemente, porque podía. Sonreí y terminé cerrando los ojos un momento y gimiendo. Joder, aquello estaba siendo increíble, aumenté todo lo que pude el ritmo notando como estaba a punto de llegar al clímax y no paré ni un segundo continúe entrando y saliendo de ella, con mi pene, con mi mano y con mi boca mordía sus piernas que seguían apoyadas en mis hombros. Se me escapód e nuevo un gemido mientras la miraba con deseo. Definitivamente, aquella chica me sería de mucha utilidad en el futuro... Aunque solo fuera por como me ponía y por todas las cosas que se me estaban pasando por la cabeza hacerle...


[OFF: Bueno, hay bastante paja en el post y no es de los mejores que he escrito... Pero no está mal.. Jajajaja Y, obviamente, más corto que el tuyo ¬¬ Maldita! Espero que te guste! Wink]
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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Amanda Smith el Jue Jul 15, 2010 10:34 pm

Como si aquel mensaje que mi cuerpo le había enviado sin palabras, sino simplemente con hechos tremendamente convincentes (porque podía tratar de engañar voluntariamente, pero si me estaba haciendo sentir algo tan irracional como el placer ciego y creciente que con cada uno de sus movimientos podía sentir lo siento, mi capacidad de engaño no llegaba a semejantes extremos), le hubiera inspirado, continuó moviéndose de una manera rápida y frenética dentro de mí, con auténtica pericia. Me iba a acabar gustando lo que estaba haciendo, y todo, y mi interior al completo se rebelaba contra aquella sensación. No me gustaba depender de él de semejante manera, y mucho menos cuando lo estaba haciendo en contra de mi voluntad... Bueno, eso había sido en un principio, cuando había tenido la más mínima posibilidad de huir. El problema ahora era que no podía siquiera concebir la idea de irme de allí, ni siquiera de intentarlo, pues estaba tan encadenada a él por el placer que me estaba dando que a la cama por mis muñecas. Simple y llanamente, estaba atrapada.
Mi cuerpo estaba comenzando a arquearse bajo el suyo, presa de la incontenible excitación, y mi boca no dejaba de buscar la suya como una desesperada. No era tanto que estuviera sedienta de él (aunque de eso también había bastante, dadas las circunstancias en las que nos encontrábamos en aquel momento) como que era el mejor método para mantener mi boca ocupada. Suficiente tenía con que mi cuerpo le estuviera diciendo a las claras que le gustaba como para encima confirmárselo con gemidos inoportunos. No, gracias.
Tras dedicarme una mirada, sus labios bajaron a mi cuello para empezar a recorrerlo y marcarlo, como amenazaba a ejemplo del resto de mi cuerpo. A aquellas alturas creo que no quedaba ni un solo centímetro de carne que no hubiera sido mordida o besada por él, y el cuello ya era el punto álgido de aquello, con lo que sólo lograba excitarme aún más, si cabía. Joder, aquello que había empezado como una maldita violación iba a terminar gustándome, y todo. ¿Dónde quedaba mi sentido común después de aquello? Hundido a tres metros bajo tierra, como poco, pero no podía evitarlo, no mientras fuera tan bueno y mientras siguiera haciéndome tener que acallar los gemidos de placer mordiéndome los labios, que no iban a tardar demasiado en ponerse a sangrar. Hasta para evitar algo que le va a gustar seguro tengo que hacer algo que también le va a gustar, porque mi sangre al parecer la había considerado buena al beberla antes y herirme en los labios sólo le atraería aún más. Pero mientras continuaba con su labor lograba escalar hasta cimas insospechadas de placer, y como siguiera así en poco tiempo iba a terminar teniendo un orgasmo.
Sorprendentemente salió de mí justo antes de que mi resistencia se fuera a la mierda y comenzara a gemir como una loca, haciéndome mirarle con una expresión de sorpresa y cabreo a partes iguales. Si empiezas algo no lo dejes a medias, joder. Él sólo se rió ante mi cara y a mí me costó respirar hondo un par de veces el recuperar la normalidad y evitar partirle la boca de una patada, por cabrón. Él ignoró mi mirada, pues se fue directo a mi oreja y, mordisqueándome el lóbulo, me dijo que me gustaba mucho su piercing (sí, ese que sólo había utilizado para distraerme y evitar gemir como una perra), pero que no tenía ni idea de lo que podía llegar a hacer con él. Aquello me sonó demasiado a proposición indecente y, por una vez, no traté de detenerle, sino que me limité a esperar que comenzara a hacer su magia, magia que comenzó bajando por mi cuerpo caliente por su contacto, acariciándolo a voluntad mientras yo sentía como la excitación que por su brusca parada se había esfumado volvía lentamente. Esa lentitud sólo se vio aumentada cuando terminó por llegar a mi entrepierna y, cumpliendo su “amenaza” anterior, comenzó a dar lametones, permitiéndome sentir el frío del metal de su piercing. En cuanto alcanzó mi clítoris, supe de nuevo que estaba perdida irremediablemente. No tardé demasiado en volver a ponerme a tono y excitarme, a pesar de lo mucho que odiaba hacerlo en aquellas circunstancias, pero es que era incapaz de evitarlo. Con él moviéndose cada vez más rápido, sumando su lengua al cosquilleo frío y contrastado de su piercing mis gemidos eran ya incontenibles, y me odiaba a mí misma casi con tanta intensidad como le odiaba a él por obligarme a hacer eso, a excitarme de tal modo sólo porque estaba aburrido y vete a saber tú por qué más. Con estos Anticristos una nunca sabía las razones de su conducta, porque pueden ser bastante bipolares. Experiencia de causa. Al final decidí que lo mejor, dado que ya había comenzado a perder el control, era hacerlo totalmente: dejar de pensar y dejar que mi cuerpo y sus deseos tomaran el control. No tardé demasiado en desconectar mientras sentía el placer, sólo el placer sin ninguna clase de arrepentimientos, y para entonces mi cuerpo se movió involuntariamente, pidiéndole más. Como un buen servidor, no tardó demasiado en dármelo, y seguía sintiendo su lengua jugar conmigo a voluntad, lamiendo profundamente hasta que, al final, terminó por morderme. El dolor fue, primero, indescriptible, pero no duró demasiado porque pronto se vio sustituido por el placer, de una manera tal que me hizo sentir un escalofrío en la espalda para, al final, llegar al orgasmo, con un gemido incontenible. Eso no le detuvo, sino que continuó lamiendo un rato más para después subir por mi cuerpo y morderme, bebiendo también de mi sangre. Sólo al final paró, dedicándome una sonrisa malvada totalmente manchada de sangre. Mi sangre, aquella a la que todo el mundo parecía ser tan aficionado.
Aquella maldita sonrisa me ponía de los nervios. No sólo por aquel inevitable deje malvado que se veía como a unos mil kilómetros sin reflectantes en una noche oscura, sino también porque estaba consiguiendo que el odio que había anidado dentro de mí creciera hasta alcanzar límites insospechados. Odio no sólo a él por haberme hecho lo que me acababa de hacer, que también era bastante, sino también odio a mí misma por haberme dejado llevar de semejante manera y por haberlo disfrutado, incluso. ¿Es que no tenía dignidad suficiente como para controlarme un poco? Parecía que era ponerme a un tío bueno delante y ya olvidaba todo, incluso el poco respeto que normalmente me tenía. Joder, mal iba por la vida, así.
Se acercó a mí, tanto que pudo olerme el pelo, y yo me mantuve inmóvil, porque de nuevo sabía que moverme no traería nada bueno. Luchaba porque lágrimas de rabia e impotencia no salieran de mí y le mostraran hasta qué punto me estaba afectando aquello, pero era lo suficientemente testaruda como para contenerlas dentro y no enseñárselas. No, mis sentimientos harían muy bien en permanecer cerrados y bajo llave, justo como llevaban cuatro años estando. Me mordió la mejilla, de una manera tan distinta a lo que llevaba siendo hasta ese momento que me sorprendió e hizo que, involuntariamente, me tensara de nuevo. No podía significar nada bueno, aquel pequeño cambio de actitud, aunque por lo menos mi cuerpo había reaccionado adecuadamente a un estímulo del exterior en vez de traicionarme. ¿Aún podía tener esperanzas en él? Ashba parecía notar mi súbita tensión, porque enseguida me dijo que me relajara...y que no había hecho más que empezar. Si quería que me relajar, mal iba con aquel comentario, que lo único que logró fue tensarme más.
Se puso de rodillas en la cama mientras yo permanecía tumbada e inmóvil, y él aprovechó para subir mis piernas a sus hombros. Bueno, al menos así estaba cómoda, pero estaba lo suficientemente pendiente de él como para imaginarme qué pretendía exactamente con esa nueva posición y, la verdad, no me atraía lo más mínimo.
Mi impresión era correcta, y no tardé en sentir varios de sus dedos dentro de mí, más concretamente en el culo, entrando y saliendo de una manera dolorosa. No lo había hecho nunca y me resultaba algo a lo que no estaba acostumbrada, por lo que de nuevo estaba muy tensa. No tardó en sustituir los dedos por su miembro, logrando que el dolor se reflejara en mi rostro. Que estuviera tan tensa no ayudaba y lo sabía, demasiado bien en realidad, pero poco tardó en buscar una solución para aquel pequeño inconveniente, y pronto sus movimientos comenzaron a aumentar de velocidad. A medida que él se movía, el dolor iba desapareciendo lentamente. No, si al final iba a acabar por disfrutar de aquello, y todo. ¿Podía estar más jodida? Nunca mejor dicho, la verdad.
Una de sus manos me penetró por sorpresa, haciéndome contener la respiración un momento para después soltar el aire acumulado. De nuevo pensé en qué era lo mejor para no darle demasiadas vueltas a lo que estábamos haciendo (por mucho que el placer que sentía me quisiera convencer de exactamente lo contrario), y llegué a la conclusión de antes: dejar la jodida mente en blanco para evitar odios tanto hacia él como hacia mí misma. Sólo era postergar algo que iba a venir después, con la fuerza aplastante de un mazo directamente en toda mi dura cabeza, pero aún así lo prefería. Tal vez, tras acabar con todo aquello, fuera capaz de pensar en algo objetivamente, aunque lo dudaba demasiado como para albergar esperanzas, siquiera.
Dejar de pensar y limitarme a sentir el placer creciente de mi interior ayudaba, y mucho, ya hacía la situación incluso llevadera. Pronto volví a dejarme llevar por lo que me estaba haciendo, de una manera que incluso me asustaba a mí misma, y de haber estado desatada probablemente me habría cargado las sábanas por la fuerza con la que las habría agarrado. Sí, así de bestia me ponía cuando estaba tan excitada como en ese momento, cosas que pasan. Por suerte o por desgracia no era yo sola la única que estaba tan excitada que no era consciente de nada, sino que él también parecía estarlo, pues los gemidos se le escapaban de los labios casi tanto como a mí, incontenibles. A medida que iba aumentando de velocidad, llegando a un ritmo casi demencial que nos estaba volviendo locos a ambos. Él estaba a punto de llegar a su clímax, y yo tampoco tardaría en hacerlo, de nuevo. Maldito él, cómo le odiaba por llegar a hacerme disfrutar tanto...
Terminamos por llegar al orgasmo, yo un poco antes que él, y al final salió de mí y me permitió bajar las piernas. No servía ya de nada, pero me encogí sobre mí misma en una posición casi fetal entre las sábanas mientras evitaba mirarle a los ojos. Si lo hacía o bien le daría una patada o me echaría a llorar, y dado que ninguna de las dos opciones me llamaba demasiado como para llevarla a cabo, lo mejor era ignorarle. De todas maneras mis manos seguían atadas y, una vez pasado el momento, me estaban empezando a dar escalofríos porque mi cuerpo ya no permanecía lo suficientemente caliente. Si seguía así no iba a tardar demasiado en congelarme, y eso hacía que tuviera que tragarme mi maldito orgullo y hablar con él, aunque fuera para pedirle que me desatara. Suspiré profundamente, cerrando los ojos un instante y lamentando tener que hacer lo que estaba a punto de hacer, pero no me quedaba otro remedio. Pasaba de quedarme en aquel maldito lugar a su merced todo el día. Tenía planes mejores.
– Ashba. – le dije en un murmullo que él escuchó, simplemente para llamar su atención aunque seguía sin mirarle directamente a él. La pared sobre la que mi vista estaba posada era como mil veces más interesante. - ¿Me sueltas? – le pedí, con la mayor frialdad posible para evitar ponerme a gritar de ira, rabia e impotencia. Joder, le odiaba.

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Re: Keine Lust (Ashba) (+18)

Mensaje por Gabriel Ashba el Lun Jul 19, 2010 12:17 pm

Mis palabras parecían tener el efecto contrario en ella, si le decía que se relajara, ella automáticamente se ponía más tensa y nerviosa, si le decía que algo le iba a gustar, se cerraba en banda y hacía todo lo posible, se convencía a si misma de que no iba a ser así y, por ello, se obligaba a no demostrarme que le estaba encantando pero... Llegados a un momento, su subconsciente y su cuerpo, más bien, la traicionaban. Todo aquello me divertía y hacía que me esforzara más en volverla loca y que todo lo que hacía le gustara porque si... Quizá al principio la había obligado a hacerlo, quizá podría considerarse una violación en toda regla pero... Había llegado a un punto en el que sus gemidos, ya incontrolables, y su cuerpo que se movía contra el mío con brusquedad y se humedecía cada vez más con cada una de mis caricias decían lo contrario que ella, aunque no quisiera reconocerlo, quería aquello... Y le estaba gustando. Cuando la había penetrado por detrás por primera ves, la expresión de dolor de su rostro me hizo sonreír, cualquiera pensaría que era un maldito sadomasoquista pero, simplemente, se lo merecía. Aquello podría hacer pensar que estaba como una maldita cabra pero en mi cabeza, todo tenía sentido y con eso me bastaba. Cuando empecé a aumentar el ritmo su cuerpo pareció relajarse instintivamente y el dolor desapareció de su rostro dejando paso a una expresión extraña, casi placentera que me demostraba, una vez más, que yo tenía razón... Sí, siempre tenía razón. Para amenizar las cosas y hacer que se volviera aún más loca mientras entraba y salía de su culo con fuerza la penetré con mi mano entera a la vez, lo que le hizo contener la respiración, evitando así gemir, aquello me enfadó, Joder, ¿Cuando iba a aprender que aquello solo conseguiría enfadarme más y hacer que la obligara a gemir como una perra? No, al parecer, no aprendería nunca. Así fue como terminé aumentando el ritmo de una manera brutal y violenta, dejando por fin de pensar en cualquier cosa y solo centrándome en lo que tenía entre manos (literalmente) y entonces fue cuando aquella oleada de placer me invadió y no pude evitar comenzar a gemir, como si nos hubiéramos puesto de acuerda, ella también gimió, demostrándome que también se había rendido al placer que estaba sintiendo y sin más, empezó a moverse contra mi, con avidez de más, pidiéndome lo sin palabras y yo hacía sus deseos más oscuros y profundos realidad llevándola a la cumbre del placer una y otra vez, mientras mi propio cuerpo estaba llegando al clímax haciéndome sentir jodidamente excitado y utilizando mis últimas fuerzas para que el final fuera, simplemente, apoteósico. Ella llegó al orgasmo antes que yo, soltando un brutal gemido que ayudó a que, segundos después me corriera yo. Solté un gemido y me mordí el labio inferior. Aunque no tardé demasiado en salir de ella y bajar sus piernas de mis hombros, Joder, mi mano estaba empapada con sus fluidos! Mientras me quitaba el condón y le hacía un pequeño nudo para que no se saliera nada lamí mi mano divertido y la miré. Amanda se había encogido en la cama, intentando darme la espalda y no mirarme pero, como sus manos estaban atadas al cabezal de la cama no podía girarse por completo y parecía estar incómoda... ¿O eran los remordimientos que ya empezaban a asaltarla? Sonreí mientras me quedaba tumbado mirándola, apoyando mi cabeza en una de mis manos y, entonces, me llamó. Acerqué lentamente mi cuerpo al suyo mientras me pedía que la desatara, en su voz no había sentimiento alguno, lo que me dejaba aún más claro que sí, su cabecita ya estaba diciéndole más de cuatro cosas sobre ella misma y sombre mi... Oh, lo que cambian las personas cuando te las estás tirando... Aparté el pelo de su cuello y lo lamí mientras chasqueaba los dedos con los ojos cerrados. Al segundo después, yo seguía lamiendo su cuerpo pero ya no estábamos en aquella increíble habitación, tumbados sobre la enorme imponente cama. Habíamos vuelto a esa casa abandonada, a la habitación cochambrosa y destartalada y estábamos tumbados sobre aquel viejo y mugriento colchón. No había cabezal alguno y sus manos estaban completamente libres. Dejé su cuello para centrarme en su oreja y empecé a morderle el lóbulo y a lamerlo mientras mis manos se deslizaban lentamente por su cuerpo, una de ellas se quedó en sus pechos, agarrándolos y apretándolos mientras que la otra cogió una de las suyas y, lentamente, hizo que bajaran juntas hasta su entrepierna.

-¿Contenta? Ya te he soltado... - le susurré al oído. - En el fondo te has portado bien... así que te dejaré que me pidas lo que quieras... - dije mientras hacia que nuestras manos a la vez empezaran a acariciar de nuevo su clítoris. - Puedo hacer absolutamente todo lo que me pidas, como si quieres que traiga a alguien del infierno... Puedo hacerlo... - mis susurros parecían hipnóticos y más mientras nuestras manos permanecían en su entrepierna, volviendo a coger un ritmo cada vez mayor. - Pero dime que te ha encantado... Dime que me deseas.... - le mordí el cuello con fuerza, volviendo a abrir una de sus heridas y bebiendo su sangre mientras su cuerpo se arqueaba involuntariamente.
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