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La Cruzada Negra

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La Cruzada Negra

Mensaje por Alex Willis el Mar Mar 23, 2010 5:39 pm

Resumen: La vida no ha sido fácil para ella, pero Linea ahora se enfrenta a su mayor aventura, el poder salvar a La Prometida, una figura legendaría que acabará con la guerra entre el bien y el mal. Vampiros, ángeles y demonios, todos estos se enfrentan en nuestro mundo desde tiempo inmemoriables, ¿de qué lado estarás?

Fic sobre: Totalmente original.

Personajes implicados:

  • Linae: bruja muy poderosa y protagonista de la historia. De pelo carmesí y piel pálida vive desde hace siglos entre los humanos.

  • Cudrock: vampiro y amante de Linae. Hombre poderoso de larga melena plateada, es capaz de luchar contra cualquiera con su katana.

  • Imon: vampiro que ha dejado a un lado su sed de sangre por el amor de una mortal. Poderoso y con muy mal genio.

  • Gabriel: Ángel poderoso destinado a proteger a los humanos y hermana gemela de Locky. Se hace pasar por una señora de cierta edad de aspecto hippie.

  • Brian: el otro protagonista de la historia, con un poderoso secreto a sus espalda. Es el único humano de la historia.

  • Aarón: Poderoso hechicero que consiguió salir del limbo para regresar al mundo de los vivos. Obsesionado con tener a Linae para el mismo es capaz de todo por conseguir sus objetivos. Antiguo mentor de Linae.

  • Locky: Ángel caído y hermano gemelo de Gabriel, se caracteriza principalmente por su alas negras. Suele utilizar la apariencia de un joven de aspecto desgarbado para caminar entre los mortales.

  • Shiena: Poderoso D-jin al servicio de Aarón, su apariencia humana es seductora a la vez que peligrosa. No tiene piedad con nadie.


Género: Acción, fantasía.

Clasificación: para todos los públicos (creo xD)

Advertencias: puede tener faltas de escritura.

Publicado: 23 de marzo.

Actualizado: 26 de marzo

Finalizado:

Capitulos: 11


Última edición por Alex Willis el Sáb Mar 27, 2010 12:01 am, editado 1 vez

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Re: La Cruzada Negra

Mensaje por Alex Willis el Mar Mar 23, 2010 5:41 pm

PRIMER DESAFÍO




Spoiler:
La noche caía sobre los altos edificios de la ciudad. Era luna llena, y su luz invadía los oscuros callejones ahuyentando a criaturas de ultratumba y salvando a algunos mortales que se atrevían a pasar por esas zonas.
Linae paseaba por las calles ajenas a todo lo que se movía a su alrededor. Para un mortal era una noche tranquila, sin vida, pero para un ser como ella, estaba llena de seres sedientos de sangre.

Corría una ligera brisa entre las calles y sus cabellos, rojizos como la sangre, ondeaban como guiados por una mística música. Su piel pálida brillaba aun más con la dulce luz de la luna y sus labios destacaban carmesíes sobre su tenue piel. Sus ojos grisáceos, carentes de vida, infundían terror a los humanos que pasaban a su lado, ahuyentándolos de su camino. Iba ataviada con ropas de cuero muy ceñidas. Un corsé con algunos detalles en rojo y un pantalón de cuero cubierto a partir de las rodillas por unas botas altas con un afilado tacón de metal. Por último iba cubierta por un abrigo largo con una capucha.

Se dirigía al encuentro de su amigo y amante en un lugar próximo al bar “Luna Llena”. Era un sitio peligroso, pero no tenía miedo, pues era capaz de defenderse de todo lo que se atreviera a luchar contra ella. Así había sido desde su nacimiento hará ya casi quinientos años.

Se adentró en uno de muchos callejones, quedaba poco para llegar a su destino, pero algo la detuvo. Una sensación que hacía varias noches que no notaba.

A su alrededor no había nadie, pero ella sabía que el que no se viera a nada no significaba que estuviese sola. Linae se quedó quieta, esperando a que lo que la perseguía diera la cara.

De pronto muchas sombras aparecieron de las esquinas de ese callejón. Linae sonrió ligeramente, iba a llegar tarde, algo que no le ocurría desde los tiempos de La Inquisición.

- Sinceramente nunca pensé que seres como ustedes se atreverían a luchar contra alguien como yo- dijo con tono despectivo

Poco a poco esas sombras se fueron tornando en formas humanas, hasta que finalmente Linae estuvo rodeada de mucho seres de aspecto humanoide, con ropas rajadas muy parecidas a las usadas por lo vagabundos. Solamente sus ojos, los diferenciaban de los hombres comunes, pues a diferencias de estos, poseían ojos encharcados en oscuridad.

Las criaturas se fueron acercando poco a poco, hasta que estuvieron lo suficientemente cerca como para atacar. El primero lanzó un fuerte tajo con su mano, que a medida que se acercaba a Linae se transformó en una garra. Esta lo esquivó con facilidad, curvando su cuerpo hacía atrás. Los demás le imitaron y empezaron a lanzar tajos y golpes intentando, en vano, golpear a la mujer. Pero ella los esquivaba con soltura, realizando suaves gestos solo comparables con los de una bailarina.

Finalmente todos los seres decidieron atacar a la vez, y cuando estaban a punto de golpearla Linae dió un fuerte salto escapando de su agresores, y dejándolos a una distancia prudencial. Cuando sus enemigos se dieron cuenta de que atacaban a la nada, se giraron y fueron corriendo hacia la joven, pero esta no se movió, sino que cerró los ojos y comenzó a pronunciar unas extrañas palabras, solo conocidas por personajes como ella. Mientras las pronunciaba un aura rojiza la envolvió y de sus manos comenzaron a brotar extrañas llamas de un rojo intenso.

Una vez terminó de pronunciar esas palabras abrió los ojos, su color gris había desaparecido y ahora se habían tornado de un color rojo sangre. Levantó las manos y rápidamente las volvió contra sus atacantes, que estaban prácticamente pegados a ella. En ese momento una brillante luz cegó la zona y cuando desapareció Linae se encontraba, finalmente, sola en aquel callejón.

La mujer se limpió las manos de polvo, se colocó mejor el pelo y cuando se disponía a moverse algo le agarró de la cintura. Ella no hizo ningún gestó para apartarse, sino que, por el contrario sonrió y agarró la mano del misterioso individuo.

- Pensé que me esperarías en el bar- dijo ella mimosa
- Añoraba tu aroma- Era una voz imponente pero a la vez dulce y muy masculina. Una vez dichas esas palabras, el misterioso hombre giró a Linae hacia él y la besó.

Una vez retomada la compostura ambos se miraron. El misterioso hombre era alto, de aspecto fornido. Su pelo era largo y grisáceo, aunque no aparentaba tener más de 20 años, y lo tenía recogido en una coleta. Sus ojos eran de un amarillo intenso y su pupila era similar a la de un felino. Su piel era tersa y blanquecina y en ella solo desentonaba una cicatriz en su cuello.

Iba vestido con pantalones vaqueros, rasgados, de color oscuro y una camisa negra de botones que le quedaba un poco ceñida, marcando aún más los músculos de su cuerpo.

Sus botas tenían la parte delantera forrada con metal y algunos detalles metálicos en forma de cruz latina.
Sus manos, aunque de tacto suave, habían luchado en mil batallas y eran grandes y musculosas.

- Aún no has respondido a mi pregunta- dijo Linae ahora más seria
- Lo sé… vi el resplandor y vine corriendo… supuse que eras tú porque ya nadie utiliza esos hechizos
- ¿Dónde están los demás?
- Dispersos por el país… teniendo en cuenta la Cruzada Negra solamente tú y unos pocos se atrevían salir a la luz.
- ¿Y como es que tú, el gran Cudrock, se esconde de los Monjes Negros?
- Ya sabes lo que le hicieron a Sael… no puedo dejar que te pase a ti lo mismo- dijo algo entristecido. Linae notando la tristeza de su semblante, le acaricia el rostro y sonrió con dulzura
- Yo no soy como él… ¿cuántas brujas oscuras como yo has conocido?- dijo irónicamente- además sabes que hay una pequeña posibilidad de que tu hermano siga con vida
- Lo sé… pero dejemos el tema… algo va mal- dijo mirando con el rabillo del ojo la zona de su espalda- nos observan
- Lo sé… hace tiempo que lo estoy notando, pero no pensé que fueran a atreverse a enfrentarse a un vampiro y a una bruja juntos…
- No creo que sean demonios normales… creo que es algo distinto…
- ¿A qué te refieres?- el dijo Linae extrañada- ¿qué sabes que yo desconozca?

En ese momento una densa niebla rojiza rodeo la zona donde estaban, y de las esquinas empezaron a aparecer miles de seres de las sombras, iguales a los anteriores. A ellos también se le sumaron un grupo de criaturas alados que se difuminaban entre la niebla evitando enseñar su autentico aspecto.

Linae abrió su mano de golpe y una bola de energía de un color azulado intenso apareció en ella. Por otra parte su compañero, Cudrock, abrió la palma de su mano y dijo unas extrañas palabras. Un cúmulo de sangre empezó a rodearla hasta tomar forma de katana, que este cogió con fuerza.

Ambos estaban preparados y esperando a su enemigo, cuando de la niebla apareció una joven ataviada con ropas ligeras, un top hecho de cota de malla cubría sus pechos, y una falda larga abierta por ambos lados dejaban ver unas piernas delgadas pero atléticas. No llevaba zapato alguno, sino que sus pies estaban adornados por tatuajes de tribales y símbolos paganos. Su vientre estaba igual de adornado y poseía un aro en su ombligo que se unía a su top por una fina cadena de plata.

Su rostro era blanquecino, pero poseía una mirada profunda que se atenuaba con el azul de sus ojos. En su frente había un símbolo invocatorio por lo que Linae y Cudrock supusieron que se trataba de una djinn, un demonio árabe muy poderoso. Su pelo anaranjado y largo le tapaba parte de la cara y también ocultaba un enorme tatuaje en su espalda de un pentagrama de invocación satánico.

Aunque a simple vista se trataba de una mujer de increíble belleza, esa era solo su aspecto humano, pues su auténtica apariencia solía ser horripilante. Linae y Cudrock se encontraban rodeados y no sabían como actuar para poder salir vivos de allí, pues aunque a ellos no les importaba morir luchando, ambos deseaban que el otro viviera.

Cuando la djinn estuvo lo suficientemente cerca sonrió y los miró a la cara.

- Hola guerreros- dijo con tono suave- mi nombre es Shiena y vengo en busca de La Prometida…
- ¿La Prometida?... estas loca sin crees que sabemos donde esta – dijo Cudrock interrumpiéndola.
- No jueguen conmigo… tienen todas las de perder en esta batalla- dijo mostrando todas las fuerzas que la acompañaban- ahora decidme dónde está La Prometida
- No lo sabemos ya te lo hemos dicho… ahora déjanos en paz- dijo Linae malhumorada- o saldrás malherida de esta batalla
- ¿Tú crees?, bueno tendré que hacerlo de la manera complicada- dicho esto la djinn levantó una de sus manos y la coloco a la altura de su cabeza. De pronto de ella brotó una llamarada que se transformó en una cimitarra.

Cuando eso ocurrió la djinn ladeó un poco la cabeza, sonrió y todos los que la acompañaban corrieron en dirección a Linae y a Cudrock. Ambos se colocaron espalda contra espalda y empezaron a luchar. Pero en un momento todo se iluminó y Linae quedó cegada.

Cuando volvió a recuperar la vista estaba sola de nuevo. Cudrock había desaparecido, al igual que la djinn y sus enemigos, únicamente quedaba la katana, ensangrentada. Linae comprendió que Cudrock había sido secuestrado por la djinn, pues se negaba a aceptar que hubiese muerto de forma tan sencilla; y sabía que la única manera de recuperarle era encontrar a La Prometida, pero para ello necesitaría ayuda… ahora debía ir a Venecia.

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Re: La Cruzada Negra

Mensaje por Alex Willis el Sáb Mar 27, 2010 12:00 am

SEGUNDO DESAFÍO

Spoiler:
Linae caminaba por las calles de Venecia. Acababa de llegar, y el sombrío aspecto de sus paseos le recordó a la antigua era donde solo los osados caminaban a oscuras. El aroma de la noche era limpio y fresco en comparación con el de la ciudad. Incluso el tacto del aire era distinto y más delicado.

Debía encontrar a su compañero, pero no sabía nada de él. Hacía ya cerca de veinte años que no tenía noticias suyas, salvo algún comentario que hacía Cudrock cuando quería criticar algún aspecto de su carácter. Lo único que sabía es que ahora se hacía pasar por un sacerdote, algo que le sorprendió, pues no esperaba que alguien como él fuese capaz de hacer tal cosa.

Vagó por la calles en busca de su compañero, quien ahora se hacía llamar Padre Lamas. Preguntó a algunos transeúntes que se encontraban en aquellas horas en la sombría ciudad, hasta que por fin dio con él.

Se encontraba en una vieja Iglesia románica muy antigua, en la zona norte de la ciudad. Linae caminó sin demora, pues sabía que cuanto más tardase menos tiempo duraría Cudrock.

Al llegar a la iglesia echo un vistazo a sus características. Sin duda era antigua y estaba coronada por algunas gárgolas, que tenían aspecto desafiante. Además la imagen de un apóstol guardaba la puerta rodeada de innumerables demonios que intentaban entrar en el sagrado lugar.

Al entrar en ella, un frío atroz invadió el cuerpo de la bruja. La zona estaba completamente vacía, no había ni una sola persona, y la estancia apenas estaba iluminada por un par de velas.

A los pocos minutos de entrar una misteriosa figura apareció en el fondo de la estancia. Por su envergadura se notaba que era un hombre, tenía el pelo platino y muy corto, peinado de punta. Al girarse hacía Linae en su rostro destacaron con la luz de las velas unos ojos grisáceos, con la pupila de color azul intenso, ligeramente achinados. Iba vestido con una túnica negra con algunos detalles en blanco. Sus manos estaban tapadas por unos guantes negros, solo adornados por una cruz blanca en el centro.

Linae se acercó al hombre con confianza, sabía quien era, era el que había estado buscando durante este tiempo.

- Pensé que nunca te encontraría- dijo Linae cuando estuvo lo suficientemente cerca- aunque la verdad verte aquí me impresiona
- Qué haces aquí Linae- dijo con tono frío- tenía la esperanza de que nunca más tendría que verte…
- Bueno al menos me alegra saber que no has perdido tu sentido del tacto- dijo Linae despectiva- necesito tu ayuda
- Me imagino… si no, no estarías aquí…- dicho esto la miró a los ojos- ¿y dónde está tu querido Cudrock?
- Se lo han llevado… necesito tu ayuda para encontrar a La Prometida…
- Olvídalo… Cudrock es amigo mío pero ya no lucho…
- Me cuesta creer eso de un vampiro… al igual que me cuesta creer que te escondes disfrazado de sacerdote…

En ese momento el vampiro se acercó a Linae y la agarró por el cuello, enseñando sus afilados colmillos. Sus ojos mostraban la ira que le caracterizaba y que asustaría al más poderoso de los hombres.

- El vampiro asesino sigue dentro de mí… así que no me enfades si quieres volver a ver otro amanecer bruja…

De pronto de una de las puertas laterales, que daban a las distintas estancias de la iglesia, se abrió y de ella salió una joven de no más de diecisiete años. Sus ojos eran dorados como el oro y emanaban una dulzura que Linae no había visto en siglos. Sus labios eran carnosos y sonrosados, destacando enormemente en su rostro. Iba ataviada con las ropas típicas de las monjas, cubriendo su pequeño cuerpo.

La joven se asustó momentáneamente ante la situación, eso hizo que el vampiro soltara a Linae ante tal reacción.

- Padre Lamas… ¿ocurre algo?- su voz era dulce como la miel y mostraba la inocencia de la que estaba provista.
- No Anna… no ocurre nada…- el vampiro se dirigió hacía la joven y le sonrió, y por un momento Linae comprendió porque su compañero ya no quería luchar… era por ella.
- Bueno creo que yo aquí sobro…- dijo Linae – ya hablaremos mejor en otro momento… Padre… Lamas – dicho esto Linae marchó hacia la salida de la iglesia.

Una vez que salió se quedó mirando al cielo y pensó que esa era la misma razón por la que ella quería dejar de luchar, mucho antes de conocer a Cudrock.
Cuando estaba sumida en sus propios pensamientos el Padre salió de la iglesia. Aún era de noche, así que no tenía porque preocuparse.

- ¿Es por ella verdad? – le preguntó la mujer aún mirando al cielo
- Si… ella me hace volver a sentirme vivo… pensé que tú mejor que nadie me entendería
- Debiste decírmelo…
- No puedo permitir que la gente crea que me he vuelto débil… soy un vampiro, uno de sangre pura, no puedo permitirme tener emociones… pero ella…
- No tienes que decirme nada más, sabes que yo pasé por lo mismo antes de conocer a Cudrock – Linae se recogió el pelo tras la oreja y luego continuó – pero has de saber que si están haciendo lo que creo, vendrán a por ti… y le harán daño a esa joven
- No la dejaré…
- No te lo pediré… pero hazme un favor… eres amigo mío y hemos luchado en muchas batallas… Imon por favor… ten cuidado… no me gustaría perderte igual que a Sael y a Cudrock…- dicho esto Linae empezó a caminar rumbo a la zona central de la cuidad.

Imon no dijo nada, se mantuvo callado mientras ella se alejaba. Linae notó como, cuando empezó a alejarse, salió Anna de la iglesia. En ese momento pensó que a lo mejor Imon se había vuelto más humano… y que era la primera vez que le veía sonreír de esa manera.

Habían pasado un par de horas desde que Linae había abandonado la parte norte de la ciudad. Se encontraba en uno de los mugrientos hostales que se hallaban en la zona. Sabía que no se pasaría allí toda la noche, pero estaba cansada. Desde el último incidente no había dormido ni una sola hora. Aunque, hacía años que no dormía más de tres horas seguidas, el cansancio empezaba a apoderarse de su cuerpo, pero cada vez que cerraba los ojos le invadían horribles visiones de seres incapaces de vivir en este plano.

De pronto, cuando sus ojos casi estaban cerrados por el cansancio, noto una sensación que no había percibido desde hacía siglos. Era la presencia de un ser increíblemente poderoso, pero le era extrañamente familiar. Linae agudizó sus sentidos todo lo que pudo para poder percibir con más detalle esa presencia hasta que descubrió su origen. Se trataba de un demonio, pero era distinta a la Djinn que se había encontrado con anterioridad, además sabía que ya había percibido esa esencia antes, aunque no recordaba en dónde.

Linae siguió concentrándose, hasta que tras unos minutos averiguó que la presencia provenía de la antigua iglesia.

- Imon…

Linae saltó de su habitación a través de la ventana y corrió todo lo que pudo en dirección a la iglesia. No tardó en llegar, puesto que aunque se encontraba en la zona central de la cuidad, el hostal estaba en la parte más apartada. Al llegar vio a Imon en el suelo. Tenía sus ropas desgarradas y había algo de sangre a su alrededor. Linae corrió hacia su posición y se arrodillo para socorrerle. No estaba muerto, pero sus ropas desgarradas dejaban ver su cicatriz en forma de cruz, situada en el pecho.

- ¿Estás bien? - le dijo Linae ayudándole a incorporarse
- Si… pero…- Imon miró hacia la iglesia- Anna… está aún dentro
- Descansa, yo me encargaré de ayudarla…
- Linae es él… ha vuelto y quiere acabar con nosotros – Linae miró extrañada a Imon. Ella sabía que eso era imposible, él estaba muerto.

Aun así la joven se levantó y entró en el edificio. En el interior estaba todo a oscuras, y lo único que se podía ver era una imagen perturbadora. Se trataba de Anna, estaba crucificada en el fondo de la sala. Aún estaba con vida, pero no le quedaba mucho tiempo.

Linae avanzó con cautela, pues sabía que él la estaría observando. Cuando estaba a medio camino para llegar al altar y a donde estaba Anna sintió de nuevo esa presencia. El misterioso ser la agarró por la cintura y la olisqueó unos segundos, antes de apartarse para esquivar el golpe de Linae.

- Vaya así tratas a los viejos amigos – dijo el hombre.
- Si fueses mi amigo no intentarías matarme

El misterioso hombre era alto y algo delgado. Su pelo era negro como la noche y lo llevaba ligeramente largo, con un fleco que le tapaba parte de la cara. Sus ojos eran de color rojo sangre y no poseían pupila, lo que daba a su mirada una nota de frialdad que incluso para los más poderosos era difícil de resistir.

Iba vestido con unos pantalones de pinza de color negro, y una camisa ceñida del mismo tono. Su cuerpo además estaba cubierto por un abrigo de cuero muy largo, con botones en forma de cruces. En sus manos llevaba unos guantes sin dedos bastante roídos por el uso.

- ¿Qué haces aquí Aarón?
- Vaya me alegra saber que al menos te acuerdas de mi nombre… pequeña…- Aarón se adelantó para intentar acariciar el rostro de Linae, pero esta le apartó la mano de un golpe – recuerda quién fue el que te convirtió en lo que eres ahora… sin mi no serías nada, solo una simple mortal
- Nunca te pedí que me convirtieras en esto… lo hiciste porque estabas solo y creías que yo te amaría igual que ella…
- Durante un tiempo así fue si no recuerdo mal…- dijo esbozando una ligera sonrisa – aunque claro, luego llegó él, y te marchaste de mi lado.
- ¿Qué haces aquí Aarón?, deberías estar en el infierno con los demás
- Aquel sitio me aburría, así que decidí hacerle una visita a mi amigo Imon. Aunque quién hubiera imaginado que se escondía en su sitio como este... y más aún que estuviera protegiendo a una humana…
- Déjala ir, ella no tiene nada que ver con nosotros
- Pero es muy bella, además disfruto viendo sufrir a Imon de esa manera – Aarón siguió caminando hasta pasar a Linae y se detuvo delante del altar – aunque ya eso no importa, no sobrevivirá y eso es algo que ya sabes.

En ese momento entró Imon en la sala, y al contemplar a Anna su cara mostró terror, miedo por perderla. Cada vez que la veía ese miedo iba transformándose en odio y de odio pasó rápidamente a ira. Imon a ser un inmortal era capaz de establecer la esperanza de vida de las personas y sabía que su amada Anna no saldría de esa situación.

Cuando Aarón vio su rostro comenzó a reír de manera sádica. Linae lo miró y recordó su pasado, cuando él era su maestro, y también recordó la razón por la que lo traicionó. Una vez Aarón hubo reído bastante desapareció en una densa nube de humo negro, dejando tras de si una rosa roja.

Imon avanzó por el pasillo, como poseído por un ente. No el importaban sus heridas, solo quería bajar de la cruz a su amada. Cuando llegó hasta ella y la descolgó acarició su rostro. Le quitó las prendas que le tapaban el pelo, y sus cabellos negros se deslizaron entre sus manos, sedosos y brillantes. Aunque estaba inerte y sin vida, su rostro, seguía mostrando dulzura. Imon la acarició y una lagrima callo por su mejilla.
Linae se acercó a él, sabía por lo que estaba pasando pues ella también había pasado por eso antaño.

- Lo siento mucho… no quería que esto ocurriera
- Le mataré… ella era mi vida, mi razón de existencia… lo único que me hacía humano…

Y durante un buen rato Imon y Linae estuvieron allí, al lado del cuerpo inerte de la joven.

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